Steve Jobs. La biografía Lo que diferenciaba a aquel barrio


Steve Jobs. La biografía
Lo que diferenciaba a aquel barrio de las miles de urbanizaciones con árboles altos y delgados que poblaban Estados Unidos era que incluso los más tarambanas
tendían a ser ingenieros. «Cuando nos mudamos aquí, en todas estas esquinas había huertos de ciruelos y albaricoqueros —recordaba Jobs—, pero el lugar estaba
comenzando a crecer gracias a las inversiones militares». Jobs se empapó de la historia del valle y desarrolló el deseo de desempeñar su propia función en él. Edwind
Land, de Polaroid, le contó más tarde cómo Eisenhower le había pedido que lo ayudara a construir las cámaras de los aviones espía U-2 para ver hasta qué punto era
real la amenaza soviética. Los carretes de película se guardaban en botes y se llevaban al Centro de Investigación Ames, de la NASA, en Sunnyvale, cerca de donde
vivía Jobs. «Vi por primera vez un terminal informático cuando mi padre me llevó al centro Ames —dijo—. Me enamoré por completo».
Otros contratistas de defensa fueron brotando por la zona durante la década de 1950. El Departamento de Misiles y Espacio de la Lockheed Company, que
construía misiles balísticos para lanzar desde submarinos, se fundó en 1956 junto al centro de la NASA. Cuando Jobs se mudó a aquella zona cuatro años más tarde,
ya empleaba a 20.000 personas. A unos pocos cientos de metros de distancia, Westinghouse construyó instalaciones que producían tubos y transformadores eléctricos
para los sistemas de misiles. «Teníamos un montón de empresas de armamento militar de vanguardia —recordaba—. Era muy misterioso, todo de alta tecnología, y
hacía que vivir allí fuera muy emocionante».
Tras la aparición de las compañías de defensa, en la zona surgió una floreciente economía basada en la tecnología. Sus raíces se remontaban a 1938, cuando Dave
Packard y su nueva esposa se mudaron a una casa en Palo Alto que contaba con una cabaña donde su amigo Bill Hewlett se instaló poco después. La casa tenía un
garaje —un apéndice que resultó ser a la vez útil y simbólico en el valle— en el que anduvieron trasteando hasta crear su primer producto, un oscilador de
audiofrecuencia. Ya en la década de 1950, Hewlett-Packard era una empresa que crecía rápidamente y que fabricaba material técnico.
Afortunadamente, había un lugar cercano para aquellos emprendedores a los que sus garajes se les habían quedado pequeños. En una decisión que ayudó a que la
zona se convirtiera en la cuna de la revolución tecnológica, el decano de Ingeniería de la Universidad de Stanford, Frederick Terman, creó un parque industrial de casi
trescientas hectáreas en terrenos universitarios, para que empresas privadas pudieran comercializar las ideas de los estudiantes. Su primer arrendatario fue Varian
Associates, la empresa en la que trabajaba Clara Jobs. «Terman tuvo aquella gran idea, que contribuyó más que ninguna otra a favorecer el crecimiento de la industria
tecnológica en aquel lugar», afirmó Jobs. Cuando Steve Jobs tenía diez años, Hewlett-Packard contaba con 9.000 empleados, y era la empresa sólida y respetable en
la que todo ingeniero que buscara una estabilidad económica quería trabajar.
El avance tecnológico más importante para el crecimiento de la zona fue, por supuesto, el de los semiconductores. William Shockley, que había sido uno de los
inventores del transistor en Bell Labs, en el estado de Nueva Jersey, se mudó a Mountain View y, en 1956, fundó una compañía que construía transistores de silicio, en
lugar de utilizar el germanio, un material más caro, que se empleaba habitualmente hasta entonces. Sin embargo, la carrera de Shockley se fue volviendo cada vez más
errática, y abandonó el proyecto de los transistores de silicio, lo que llevó a ocho de sus ingenieros —principalmente a Robert Noyce y Gordon Moore— a escindirse
para formar Fairchild Semiconductor. Aquella empresa creció hasta contar con 12.000 empleados pero se fragmentó en 1968, cuando Noyce perdió una batalla para
convertirse en consejero delegado, tras la cual se llevó consigo a Gordon Moore y fundó una compañía que pasó a conocerse como Integrated Electronics
Corporation, que ellos abreviaron elegantemente como Intel. Su tercer empleado era Andrew Grove, que hizo crecer la empresa en la década de 1980 al dejar de
centrarla en los chips de memoria y pasarse a los microprocesadores. En pocos años, había más de cincuenta empresas en la zona dedicadas a la producción de
semiconductores.
El crecimiento exponencial de esta industria guardaba relación directa con el célebre descubrimiento de Moore, que en 1965 dibujó un gráfico de la velocidad de los
circuitos integrados, basado en la cantidad de transistores que podían colocarse en un chip, y que mostraba cómo dicha velocidad se duplicaba cada dos años
aproximadamente, en una tendencia que parecía que iba a mantenerse. Esta ley se vio reafirmada en 1971, cuando Intel fue capaz de grabar una unidad completa de
procesamiento central en un único chip —el Intel 4004—, al que bautizaron como «microprocesador». La Ley de Moore se ha mantenido vigente en líneas generales
hasta nuestros días, y su fidedigna predicción sobre precios y capacidades permitió a dos generaciones de jóvenes emprendedores, entre las que se incluyen Steve Jobs
y Bill Gates, realizar proyecciones de costes para sus productos de vanguardia.
Fuente: Steve Jobs. La biografía
Walter Isaacson
Traducción de
David González-Iglesias González/Torreclavero
www.megustaleer.com

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