Nelson Mandela parte 3


Nelson Mandela parte 3
1.3. De la lucha armada al proceso de Rivonia
Arrestado, encarcelado y procesado en varias ocasiones, Mandela sufrió su enésima y definitiva detención en el epílogo de la matanza de Sharpeville, Transvaal, el 21 de marzo de 1960, cuando la Policía disparó indiscriminadamente contra una multitud de manifestantes y mató a 69 personas. 

La represión se abatió sobre Mandela y muchos cientos de militantes del movimiento de liberación negro al socaire de la declaración el 30 de marzo por el Gobierno nacionalista del primer ministro Hendrik Verwoed del estado de emergencia en todo el país y de las ilegalizaciones, el 8 de abril siguiente, tanto del ANC como del Congreso Panafricano (PAC). Liderado por Robert Sobukwe, el PAC había surgido en 1959 como una escisión radical y sectaria del ANC que se oponía a la aceptación de activistas no de raza negra, como indios y blancos autóctonos, en la lucha contra el apartheid. 

En marzo de 1961 su caso fue revisado y Mandela quedó exonerado de la acusación de participar en actividades terroristas, pero en agosto de 1962, siendo fugitivo de la justicia, fue detenido de nuevo y en noviembre siguiente recibió una sentencia de cinco años de cárcel como culpable de unos delitos de incitación a la huelga y abandono ilegal del país. En su alegato de defensa, Mandela manifestó al tribunal que lo condenó: "Odio la discriminación racial de la manera más intensa (…) He luchado contra ello durante toda mi vida; lucho ahora y seguiré luchando hasta el final de mis días (…) Detesto aún más esta puesta en escena. Me hace sentir que soy un negro en un tribunal de blancos. Esto no debería ser así". 

Los hechos que sirvieron de base para la acusación fueron un movimiento huelguístico, orquestado junto con Sisulu tan pronto como recobró la libertad el año anterior, y una serie de estancias clandestinas en Etiopía, para participar en la Conferencia del Movimiento Panafricano de Liberación de África Oriental y Central, en Guinea, Ghana, Nigeria, Liberia, Sierra Leona, Uganda y Senegal, para solicitar ayuda material de sus gobiernos, en Londres, para encontrarse con camaradas exiliados, y en Argelia y Sudán, para recibir entrenamiento paramilitar. 

Lo cierto era que en diciembre de 1961, Mandela, convencido de la inutilidad de la lucha pacífica contra el apartheid, había activado en la clandestinidad y asumido la jefatura del brazo armado del ANC, Umkhonto we Sizwe (Lanza de la Nación, también conocido por su sigla, MK). Este peligroso viraje, que era el resultado de un largo proceso de reflexión política, madurado tras la masacre de Sharpeville, y no una decisión precipitada, quedó sellado el 31 de mayo de 1961. Aquel día, el Gobierno Verwoed proclamó la República de Sudáfrica y la retirada de la Commonwealth. Quedaron por tanto rotos con la Corona británica los lazos vigentes desde la independencia de facto de la Unión de Sudáfrica en 1910. 

Nada más crearse, el MK comenzó a atacar con ínfulas guerrilleras instalaciones del Gobierno y objetivos policiales. Lutuli, aferrado a la moderación como el buen premio Nobel de la Paz que era, no veía con buenos ojos la nueva estrategia de confrontación directa con el poder blanco, pero el liderazgo y la autoridad del legalista presidente del ANC se hallaba en franco retroceso ante el carisma y el brío subversivo del 20 años más joven Mandela. 

En octubre de 1963 Mandela continuaba recluido en la Prisión Central de Pretoria, donde tenía de compañero de cautiverio a su amigo Robert Sobukwe, cuando la fiscalía expandió su causa criminal con la adición de los cargos de sabotaje, terrorismo y conspiración para derrocar el Gobierno mediante revolución interna e invasión de fuerzas extranjeras. 

Elevado su estatus de peligrosidad, el prisionero fue transferido al centro de máxima seguridad de Robben Island, emplazada en una pequeña isla en el mar a once kilómetros de Ciudad del Cabo. Comentó entonces el llamado juicio de Rivonia, población próxima a Johannesburgo, donde Mandela compartió banquillo de acusado con otros siete altos dirigentes del ANC y el Partido Comunista de Sudáfrica (SACP). Estos eran Walter Sisulu, Govan Mbeki, Raymond Mhlaba, Elias Motsoaledi, Ahmed Kathrada, Dennis Goldberg y Lionel Bernstein. 

El 20 de abril de 1964, en su comparecencia ante el Tribunal Supremo de Pretoria, Mandela reconoció ser uno de los fundadores del MK y que dicha organización armada "respondía a la violencia con violencia", pero refutó la imputación de terrorismo. De los cargos que se le hacían, sólo reconoció el de sabotaje. En su elocuente declaración, el acusado explicó que se había decantado por la resistencia activa "como resultado de una valoración calmada y sobria de la situación política que se ha creado tras muchos años de tiranía, explotación y opresión de mi gente por los blancos". 

En cuanto a él: "Durante mi vida, me he entregado a la lucha del pueblo africano. He luchado contra la dominación blanca y he luchado contra la dominación negra. He perseguido el ideal de una sociedad libre y democrática en la que todas las personas vivan juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir. Pero, Señor, si es necesario, es un ideal por el que estoy preparado para morir". 

El 12 de junio los acusados -salvo Bernstein, que quedó absuelto- fueron condenados a cadena perpetua, sentencia draconiana que pudo haber sido peor, ya que la fiscalía al principio solicitó la pena de muerte. Al día siguiente, Mandela y sus camaradas fueron internados en un módulo de aislamiento para presos políticos en Robben Island. 

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