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Nelson Mandela Parte 5 - DE LA LIBERACIÓN A LA JEFATURA DEL ESTADO: EL FINAL DEL APARTHEID 2.1. El régimen excarcela a Mandela



2. DE LA LIBERACIÓN A LA JEFATURA DEL ESTADO: EL FINAL DEL APARTHEID

2.1. El régimen excarcela a Mandela 

El 5 de julio de 1989, en una reunión sin precedentes, Mandela fue invitado a tomar el té con Botha en su residencia presidencial en Ciudad del Cabo, la Tuynhuys. El encuentro, secreto como los anteriores, discurrió con cordialidad y, aunque no se llegó en él a ningún acuerdo sustancial, marcó el principio del deshielo. 

Semanas más tarde, el 15 de agosto, Botha, enfermo del corazón, cedía la Presidencia del país a quien ya venía encabezando el NP desde el mes de febrero, Frederik de Klerk. La subida al poder de de Klerk, un afrikáner conservador de pura cepa pero con una mentalidad mucho más abierta y pragmática que sus predecesores, supuso para Sudáfrica el comienzo de una era de reformas que terminó liquidando el apartheid. 

El 13 de diciembre de 1989 Mandela celebró con de Klerk el primero de tres encuentros preliminares para tratar su liberación, la cual tuvo lugar, rodeada de una enorme expectación mundial, el 11 de febrero de 1990. 

La histórica jornada aconteció nueve días después de recobrar el ANC la legalidad, a la par que el PAC, el SACP y el COSATU, tal como habían acordado las partes. Tras pasarse casi 28 años en prisión y desechar varias ofertas de libertad condicionada, Mandela, que se mostró sonriente y triunfal de la mano de Winnie, había conseguido la rehabilitación política para su causa, pero también una victoria personal. 

En Ciudad del Cabo, el excarcelado se dirigió a la multitud de esta manera: "Estoy ante vosotros no como un profeta sino como vuestro humilde servidor, pueblo. Vuestros infatigables y heroicos sacrificios han hecho posible que yo esté aquí hoy. Por lo tanto, dejo los restantes años de mi vida en vuestras manos (…) Nuestra marcha hacia la libertad es irreversible. No debemos permitir que el miedo se interponga en nuestro camino. El sufragio universal basado en un único padrón electoral en una Sudáfrica unida, democrática y no racista es el único camino hacia la paz y la armonía racial". 

En sus primeras declaraciones, tanto a la prensa como a la muchedumbre que le acogió en el estadio de Soweto, el líder congresista prodigó los mensajes de moderación y de cooperación con la compleja empresa política emprendida por de Klerk. Los llamamientos de Mandela no hallaron un eco uniforme en el campo negro nacionalista; así, los extremistas de izquierda del PAC siguieron apostando por la vía revolucionaria y el derrocamiento del poder blanco por la fuerza, por más que los hechos habían demostrado hasta la saciedad lo utópico de esa pretensión. 

Desde la derecha negra, Mandela también fue cuestionado. El 25 de febrero en Durban, en respuesta a las violencias desatadas en Natal por los zulúes del Partido Inkatha de la Libertad (IFP), el dirigente elevó un memorable llamamiento a la paz con estas palabras: "Esta lucha entre nosotros dilapida nuestra energía y destruye nuestra unidad. Tomad vuestras pistolas, vuestros cuchillos y vuestros machetes, y arrojadlos al mar. Cerrad las fábricas de la muerte. Acabad con esta guerra ahora". 

El 3 de marzo el partido elevó a Mandela a su antigua posición de vicepresidente ejecutivo, ocupada por última vez por Tambo en 1969 y que en las actuales circunstancias, con Tambo enfermo y hospitalizado en Suecia, convertía a su titular en el jefe de facto del partido. A finales de abril, el primer grupo de líderes congresistas y comunistas, formado por Alfred Nzo, 
Thabo Mbeki, Joe Modise, Joe Slovo (de raza blanca) y Ruth Mompati, regresó del exilio zambiano para reunirse con Mandela e integrar con él la delegación conjunta del ANC y el SACP en el primer cara a cara oficial con de Klerk y sus ministros. 2. DE LA LIBERACIÓN A LA JEFATURA DEL ESTADO: EL FINAL DEL APARTHEID

2.1. El régimen excarcela a Mandela 

El 5 de julio de 1989, en una reunión sin precedentes, Mandela fue invitado a tomar el té con Botha en su residencia presidencial en Ciudad del Cabo, la Tuynhuys. El encuentro, secreto como los anteriores, discurrió con cordialidad y, aunque no se llegó en él a ningún acuerdo sustancial, marcó el principio del deshielo. 

Semanas más tarde, el 15 de agosto, Botha, enfermo del corazón, cedía la Presidencia del país a quien ya venía encabezando el NP desde el mes de febrero, Frederik de Klerk. La subida al poder de de Klerk, un afrikáner conservador de pura cepa pero con una mentalidad mucho más abierta y pragmática que sus predecesores, supuso para Sudáfrica el comienzo de una era de reformas que terminó liquidando el apartheid. 

El 13 de diciembre de 1989 Mandela celebró con de Klerk el primero de tres encuentros preliminares para tratar su liberación, la cual tuvo lugar, rodeada de una enorme expectación mundial, el 11 de febrero de 1990. 

La histórica jornada aconteció nueve días después de recobrar el ANC la legalidad, a la par que el PAC, el SACP y el COSATU, tal como habían acordado las partes. Tras pasarse casi 28 años en prisión y desechar varias ofertas de libertad condicionada, Mandela, que se mostró sonriente y triunfal de la mano de Winnie, había conseguido la rehabilitación política para su causa, pero también una victoria personal. 

En Ciudad del Cabo, el excarcelado se dirigió a la multitud de esta manera: "Estoy ante vosotros no como un profeta sino como vuestro humilde servidor, pueblo. Vuestros infatigables y heroicos sacrificios han hecho posible que yo esté aquí hoy. Por lo tanto, dejo los restantes años de mi vida en vuestras manos (…) Nuestra marcha hacia la libertad es irreversible. No debemos permitir que el miedo se interponga en nuestro camino. El sufragio universal basado en un único padrón electoral en una Sudáfrica unida, democrática y no racista es el único camino hacia la paz y la armonía racial". 

En sus primeras declaraciones, tanto a la prensa como a la muchedumbre que le acogió en el estadio de Soweto, el líder congresista prodigó los mensajes de moderación y de cooperación con la compleja empresa política emprendida por de Klerk. Los llamamientos de Mandela no hallaron un eco uniforme en el campo negro nacionalista; así, los extremistas de izquierda del PAC siguieron apostando por la vía revolucionaria y el derrocamiento del poder blanco por la fuerza, por más que los hechos habían demostrado hasta la saciedad lo utópico de esa pretensión. 

Desde la derecha negra, Mandela también fue cuestionado. El 25 de febrero en Durban, en respuesta a las violencias desatadas en Natal por los zulúes del Partido Inkatha de la Libertad (IFP), el dirigente elevó un memorable llamamiento a la paz con estas palabras: "Esta lucha entre nosotros dilapida nuestra energía y destruye nuestra unidad. Tomad vuestras pistolas, vuestros cuchillos y vuestros machetes, y arrojadlos al mar. Cerrad las fábricas de la muerte. Acabad con esta guerra ahora". 

El 3 de marzo el partido elevó a Mandela a su antigua posición de vicepresidente ejecutivo, ocupada por última vez por Tambo en 1969 y que en las actuales circunstancias, con Tambo enfermo y hospitalizado en Suecia, convertía a su titular en el jefe de facto del partido. A finales de abril, el primer grupo de líderes congresistas y comunistas, formado por Alfred Nzo, 
Thabo Mbeki, Joe Modise, Joe Slovo (de raza blanca) y Ruth Mompati, regresó del exilio zambiano para reunirse con Mandela e integrar con él la delegación conjunta del ANC y el SACP en el primer cara a cara oficial con de Klerk y sus ministros.