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Nelson Mandela parte 7



2.3. 1994, el año emblemático de la nueva Sudáfrica: gran victoria electoral del ANC, Gobierno de Unidad Nacional e investidura de Mandela en la Presidencia 
En vísperas de las elecciones generales, Mandela, junto con de Klerk, consiguió involucrar al renuente Buthelezi en el proceso democrático, ahorrando al país un boicot del partido zulú que probablemente habría desembocado en un baño de sangre y habría hecho que la era democrática naciera con mal pie. Tras arduas negociaciones, el Memorándum de paz y reconciliación entre el ANC, el IFP y el Gobierno fue firmado por los tres dirigentes el 19 de abril de 1994. 

Monitorizadas por los 2.500 miembros de la Misión de Observadores de Naciones Unidas en Sudáfrica (UNOMSA), las elecciones a la primera Asamblea Nacional multipartidista, con funciones de Asamblea Constituyente, se desarrollaron entre el 26 y el 28 de abril de 1994. 

En el segundo día de votaciones, el 27 de abril, entró en vigor la Constitución Interina, que entre otras transformaciones supuso la abolición de los diez bantustanes que poseían el estatus autónomo o semiindependiente, y por ende la reincorporación de sus territorios a la organización provincial. Las cuatro provincias tradicionales, El Cabo, Natal, Transvaal y el Estado Libre de Orange, fueron subdivididas para dar lugar a nueve provincias nuevas. A la vez, comenzó a ondear la nueva bandera nacional, diseñada por el vexilólogo autor también de la bandera de Namibia en 1990, con un diseño multicolor que simbolizaba la pluralidad racial de la "nación arco iris". 

Tal como se esperaba, el ANC, formando lista conjunta con su partido hermano, el SACP, obtuvo una victoria arrolladora, el 62,6% de los votos y 252 de los 400 escaños. El NP se hizo con el 20,4% de los votos y 82 escaños, unos resultados bastante meritorios y que de hecho excedían con creces el peso demográfico de los blancos. El IFP vino a continuación con el 10,5% de los sufragios y 43 asientos. Las votaciones a las nueve asambleas provinciales dibujaron una supremacía congresista incluso más acusada: el partido de Mandela se aseguró el control de todos los gobiernos provinciales salvo los de KwaZulu-Natal y el Cabo Occidental, retenidos respectivamente por el IFP y el NP. 

Mandela se congratuló por el desarrollo y los resultados de las elecciones con estas palabras: "La calma y la atmósfera de tolerancia que han prevalecido en las elecciones prefiguran el tipo de Sudáfrica que podemos construir. Establecen la tónica de cara al futuro. Podemos tener diferencias, pero somos un pueblo con un destino común en nuestra rica variedad de culturas, razas y tradiciones". 

El 6 de mayo Mandela desveló el grueso de la composición del Gobierno de Unidad Nacional (GUN) formado por el ANC, el NP y el IFP. En el Consejo de Ministros pasaban a compartir mesa prácticamente todas las personalidades partidistas que habían protagonizado la transición. Flanqueando a Mandela aparecían su mano derecha y a estas alturas, en tanto que presidente nacional del ANC, su heredero oficial, Thabo Mbeki, como vicepresidente primero de la República, y de Klerk, como vicepresidente segundo. 

De los 28 ministerios con cartera, el binomio ANC-SACP se quedó con 17, destacando las presencias de Alfred Nzo en Asuntos Exteriores, Joe Slovo en Vivienda y Asuntos Sociales, y Joe Modise en Defensa. Ramaphosa no ocupó un puesto en el Ejecutivo porque se reservó para la presidencia de la Asamblea Constituyente. La sensible cartera de Finanzas fue revalidada por el titular del Gobierno saliente, Derek Keys, mientras que la de Minas y Energía quedó en manos de su colega de partido Roelof Pik Botha, el liberal ministro de Exteriores con de Klerk 

Al acceder a que los blancos nacionalistas retuvieran estos dos importantes ministerios, Mandela transmitía el mensaje tranquilizador de que el nuevo Gobierno de mayoría negra acometería la reforma socioeconómica, esperada con gran ilusión por millones de sudafricanos pobres, desocupados y excluidos, sin revanchismos rencorosos ni radicalismos revolucionarios. 

El mismo criterio de oportunidad política presidió la entrega del Ministerio del Interior a Buthelezi, en la creencia de que el recalcitrante caudillo zulú, una vez revestido de responsabilidades nacionales, se vería obligado a templar los ánimos en KwaZulu-Natal, permitiendo reducir los niveles de violencia regional. Winnie Mandela no fue hecha miembro del Gabinete, pero sí del Gobierno, en calidad de viceministra de Artes, Cultura, Ciencia y Tecnología; antes de un año, Winnie, casi siempre problemática, iba a ser destituida por Mandela al hilo de unas acusaciones de corrupción. 

El 9 de mayo la Asamblea invistió a Mandela presidente de la República con mandato constitucional hasta 1999. En su discurso a la Cámara, el mandatario aseguró que: "Hoy estamos entrando en una nueva era para nuestro país y su pueblo. Hoy no celebramos la victoria de un partido, sino la victoria de todo el pueblo de Sudáfrica". 

Al día siguiente, en presencia de numerosos líderes mundiales y en un ambiente festivo y lleno de color, Mandela tomaba posesión del cargo en Pretoria junto con los vicepresidentes Mbeki y de Klerk. La mayoría de los ministros estrenaron sus despachos el 11 de mayo y el resto lo hizo dos días después. El histórico cambio de guardia se desarrolló en una atmósfera de euforia generalizada, vivido por las masas negras con un fervor prácticamente mesiánico. 

En su meditado discurso, probablemente el más importante de su dilatada trayectoria, Mandela dijo que: "Al margen de la experiencia de un desastre humano extraordinario que duró demasiado tiempo, debe nacer una sociedad de la que toda la humanidad pueda sentirse orgulloso (…) El tiempo para la curación de las heridas ha llegado. El momento de salvar los fosos que nos dividen ha llegado (…) Al final, hemos alcanzado nuestra emancipación política. Nos comprometemos a liberar a nuestro pueblo de la esclavitud continua de la pobreza, la privación, el sufrimiento, el sexismo y otras formas de discriminación", afirmó. 

Y también: "Dedicamos este día a todos los héroes y heroínas de este país y el resto de mundo que se sacrificaron de muchas maneras y entregaron sus vidas para que seamos libres. Sus sueños se han hecho realidad. La libertad es su recompensa (…) Debemos actuar juntos como un pueblo unido, para la reconciliación nacional, para la construcción de la nación, para el nacimiento de un nuevo mundo. Que haya justicia para todos. Que haya paz para todos. Que haya trabajo, pan, agua y sal para todos (…) Que nunca, nunca, nunca más esta bella tierra experimente de nuevo la opresión de unos por otros ni sufra la indignidad de ser el apestado del mundo".