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Nelson Mandela Homenajes y pronunciamientos sobre las luchas internas en el partido



5.3. Homenajes y pronunciamientos sobre las luchas internas en el partido
En julio de 2003, el octogésimo quinto cumpleaños de Mandela fue celebrado por todo lo alto en Johannesburgo con la participación de celebridades del espectáculo, políticos (estuvieron entre otros Bill Clinton, de Klerk y Mbeki) y miembros de casas reales, que se deshicieron en homenajes a Madiba. A estas alturas, Mandela era una persona por doquier idolatrada, también por muchos de sus paisanos de raza blanca, que habían terminado por rendirse ante su carisma, su talla humana y su sentido de la responsabilidad. 

Claro que los sentimientos de adhesión no eran unánimes. Por ejemplo, en 2004 el periodista británico Peter Hitchens, hermano del periodista y ensayista ateo Christopher Hitchens, retrató a Mandela con acentos críticos e irónicos, como un "superhéroe" y un "santo secular" que no se mostraba a la gente como el "hombre falible" que era y al que le "importaba un comino" el "creciente autoritarismo" de su sucesor, Mbeki. 

En mayo de 2004, en el décimo aniversario de su llegada al Gobierno, y luego de ganar el ANC las terceras elecciones legislativas con una apabullante mayoría absoluta de dos tercios, Mandela pronunció su último discurso ante la Asamblea Nacional. El 1 de junio de ese año, necesitado para caminar de un bastón y, a veces, de un brazo en el que apoyarse, más delgado y con el cabello completamente cano, pero todavía muy animoso, la sonrisa tan fácil como siempre, con el verbo suelto y perfectamente lúcido, el ex presidente anunció su intención de "jubilarse de la jubilación", apartándose de la vida pública para entregarse a la "reflexión tranquila" en la privacidad de su casa de Qunu, en el Cabo Oriental. 

La agenda de actividades pudo recortarse con un criterio más selectivo, pero el caso fue que el infatigable estadista, lejos de hacer mutis, siguió participando en actos públicos (como la Conferencia de Bangkok sobre el sida), pronunciando discursos, reuniéndose con celebridades (como en el concierto de la campaña 46664 y en el encuentro del grupo de líderes veteranos y retirados conocidos como The Elders, por él convocado con motivo de su 89 cumpleaños, celebrados ambos en 2007 en Johannesburgo) y haciendo declaraciones sobre temas varios. 

La candente política doméstica reclamó su posicionamiento en 2005, cuando el ANC experimentó tensiones sin precedentes por la situación del vicepresidente de la República desde 1999 y vicepresidente del partido desde 1997, 
Jacob Zuma, involucrado en un escándalo de corrupción. Mandela salió a defender al número dos del congresismo frente a las acusaciones de que era objeto, pero cuando Mbeki, en junio, decidió echar a Zuma del Gobierno, el anterior jefe del Estado aceptó "con profunda tristeza" la "correcta" medida tomada por el presidente. 

En diciembre de 2007, durante la 52ª Conferencia Nacional del ANC, Mandela mantuvo una neutralidad formal en la elección del presidente del partido, aunque no dejó de declararse "entristecido" por el espectáculo de divisiones internas, La acerba contienda fue ganada por Zuma, luego de zafarse provisionalmente de sus dos procesos por corrupción y violación, y tuvo como perdedor a Mbeki, quien, pese a tener que dejar la jefatura del Estado en 2009 por prescripción constitucional, pretendía prolongar su liderazgo partidario para seguir influyendo en el Ejecutivo. 

En realidad, Mandela estaba con Zuma, al que colmó de elogios tras su victoria en la Conferencia. En la clausura de la misma, Mandela elevó un llamamiento a la unidad del congresismo, pero la fractura en el ANC, abierta por unas divergencias personales e ideológicas demasiado profundas, era irreparable: en septiembre de 2008, Mbeki, sospechoso de haber instigado la persecución judicial contra Zuma, perdió la confianza del NEC y hubo de dimitir en la Presidencia de la República. 

A continuación, el sector centrista y liberal del congresismo que respaldaba a Mbeki materializó el cisma que ya venía barruntándose rompiendo con el ANC y creando el Congreso del Pueblo (COPE). Por otro lado, en noviembre de 2006 Mandela hizo un elogio fúnebre de el ex presidente racista Pieter Botha, fallecido a los 90 años. 

El 18 de julio de 2008, un débil Mandela, necesitado de asistentes para caminar y con algunas dificultades ya para hilar los discursos pero sorprendentemente desenvuelto para la edad que tenía, celebró su 90 cumpleaños en su casa de Qunu. En esta ocasión, reclamó a los pudientes del mundo que auxiliaran a la legión de desfavorecidos. 

El nonagésimo aniversario fue celebrado desde junio hasta agosto en toda Sudáfrica y en Londres, con un abigarrado programa de actos entre los que destacó un macroconcierto en Hyde Park dentro de la campaña 46664, una cena de recaudación de fondos cuajada de estrellas del cine y la música –y que no quisieron perderse el incondicional Clinton y el primer ministro británico, 
Gordon Brown-, una recepción real en el Palacio de Buckingham y una concentración de masas del ANC en Tshwane: a todos ellos asistió el homenajeado con su jovialidad inveterada. 

En febrero de 2009 Mandela se incorporó a la campaña electoral del partido y de Zuma, quien fue investido tercer presidente de la democracia en el mes de mayo. En julio siguiente, Mandela celebró su 91 cumpleaños en la intimidad familiar de su otro hogar en el barrio de Houghton, en Johannesburgo. Esta vez, las celebraciones internacionales tuvieron como principales escenarios la gran urbe de la provincia de Gauteng y el Madison Square Garden de Nueva York. 

Aunque este evento fue oficialmente declarado por la Asamblea General de la ONU, mediante su resolución 64/13, el 10 de noviembre de 2009 con vistas a celebrarse por vez primera el 18 de julio de 2010, el Día Internacional de Nelson Mandela ya empezó a observarse, a iniciativa de algunos grupos, el 18 de julio de 2009. El 27 de abril de este año, la campaña 46664 y la Fundación Nelson Mandela se adelantaron a la ONU y pidieron a la comunidad internacional y a los ciudadanos de todo el mundo que, en lo sucesivo, cada 18 de julio destinaran 67 minutos de su tiempo, uno por cada año de su vida que Mandela había dedicado a estas causas, al servicio comunitario y la justicia social, para "hacer del mundo un lugar mejor". 


5.4. Icono de la cultura popular

Al estrenar su novena década, Mandela ya había recibido más de 200 premios y reconocimientos, así como docenas de títulos universitarios, ciudadanías y membresías y presidencias en organizaciones de todo el mundo, con carácter honorífico. 

Además del galardón más prestigioso y conocido, el Nobel de la Paz, poseía los premios: Jawaharlal Nehru al Entendimiento Internacional (India, 1980); Bruno Kreisky (Austria, 1981); Simón Bolívar de la UNESCO (1983); el de la Fundación del Tercer Mundo para los Estudios Sociales y Económicos (Reino Unido, 1985); el de la ONU en el campo de los Derechos Humanos (1988); Sájarov a la Libertad de Conciencia del Parlamento Europeo (1988); Al-Gaddafi de los Derechos Humanos (Libia, 1989); Lenin de la Paz (URSS, 1990); el de la UNESCO en el campo de la Paz (1992); Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional (España, 1992); William Fulbright al Entendimiento Internacional (Estados Unidos, 1993); Gandhi de la Paz (India, 2001); y el Embajador de Conciencia de Amnistía Internacional (2006). 

Además, estaba en posesión de la Orden de Oro Olímpica del COI (1994), la Orden de Canadá (1998), las órdenes del Mérito y de St. John del Reino Unido (2004), y, por parte de Estados Unidos, de las medallas de la Libertad de Filadelfia (1993), de Oro del Congreso (1998) y Presidencial de la Libertad (2002). 

En 1995 Mandela publicó el libro autobiográfico Long Walk to Freedom, cuyos derechos de adaptación al cine cedió al productor sudafricano Anant Singh. Una década después, quien era seguramente el estadista más respetado y admirado, la mayor figura política mundial viva, en cuyo honor se habían compuesto canciones, erigido estatuas, emitido sellos de correos y acuñado monedas, que había dado su nombre a multitud de calles, parques y escuelas en todo el mundo (amén de a una especie de araña trepadora, lastasimopus mandelai, y hasta a una partícula subatómica), seguía sin tener, más allá de algunas encarnaciones televisivas, su biopic cinematográfico definitivo. 

En 2007 se estrenó el filme Goodbye Bafana, rodado por Bille August y protagonizado por Dennis Haysbert; el drama se circunscribe a las relaciones amistosas del preso de Robben Island con su oficial carcelero, James Gregory. 

En diciembre de 2009 se estrenó en Estados Unidos y Sudáfrica Invictus, con Clint Eastwood de director y Morgan Freeman en el papel de Mandela. La película es una adaptación del libro de John Carlin The Human Factor: Nelson Mandela and the Game that Changed the World, el cual relata la implicación del entonces presidente, deseoso de profundizar la reconciliación interracial, en el campeonato mundial de rugby de 1995, organizado y ganado por Sudáfrica tras años de exclusión de las competiciones deportivas. 

Mandela mismo apareció en multitud de documentales y series para la televisión, y, como actor de cameo, en la película Malcolm X, rodada por Spike Lee en 1992, donde se muestra brevemente como un maestro de escuela de Soweto que alecciona a sus jóvenes alumnos. 

En febrero de 2000 abrió sus puertas al público el Nelson Mandela Museum, que tiene sus instalaciones repartidas entre Umtata (actualmente conocida como Mthatha), Qunu y Mvezo. En Soweto, no lejos del museo dedicado al apartheid, puede visitarse el Mandela Family Museum, o Mandela House, la antigua vivienda familiar estrenada en 1946, cuando formó el hogar con su primera esposa, Evelyn, y que luego compartió con Winnie, quien la habitó mientras él estuvo preso. Desde 1999, la humilde vivienda, convenientemente restaurada y acondicionada, ostenta la condición de monumento nacional. 
5.3. Homenajes y pronunciamientos sobre las luchas internas en el partido
En julio de 2003, el octogésimo quinto cumpleaños de Mandela fue celebrado por todo lo alto en Johannesburgo con la participación de celebridades del espectáculo, políticos (estuvieron entre otros Bill Clinton, de Klerk y Mbeki) y miembros de casas reales, que se deshicieron en homenajes a Madiba. A estas alturas, Mandela era una persona por doquier idolatrada, también por muchos de sus paisanos de raza blanca, que habían terminado por rendirse ante su carisma, su talla humana y su sentido de la responsabilidad. 

Claro que los sentimientos de adhesión no eran unánimes. Por ejemplo, en 2004 el periodista británico Peter Hitchens, hermano del periodista y ensayista ateo Christopher Hitchens, retrató a Mandela con acentos críticos e irónicos, como un "superhéroe" y un "santo secular" que no se mostraba a la gente como el "hombre falible" que era y al que le "importaba un comino" el "creciente autoritarismo" de su sucesor, Mbeki. 

En mayo de 2004, en el décimo aniversario de su llegada al Gobierno, y luego de ganar el ANC las terceras elecciones legislativas con una apabullante mayoría absoluta de dos tercios, Mandela pronunció su último discurso ante la Asamblea Nacional. El 1 de junio de ese año, necesitado para caminar de un bastón y, a veces, de un brazo en el que apoyarse, más delgado y con el cabello completamente cano, pero todavía muy animoso, la sonrisa tan fácil como siempre, con el verbo suelto y perfectamente lúcido, el ex presidente anunció su intención de "jubilarse de la jubilación", apartándose de la vida pública para entregarse a la "reflexión tranquila" en la privacidad de su casa de Qunu, en el Cabo Oriental. 

La agenda de actividades pudo recortarse con un criterio más selectivo, pero el caso fue que el infatigable estadista, lejos de hacer mutis, siguió participando en actos públicos (como la Conferencia de Bangkok sobre el sida), pronunciando discursos, reuniéndose con celebridades (como en el concierto de la campaña 46664 y en el encuentro del grupo de líderes veteranos y retirados conocidos como The Elders, por él convocado con motivo de su 89 cumpleaños, celebrados ambos en 2007 en Johannesburgo) y haciendo declaraciones sobre temas varios. 

La candente política doméstica reclamó su posicionamiento en 2005, cuando el ANC experimentó tensiones sin precedentes por la situación del vicepresidente de la República desde 1999 y vicepresidente del partido desde 1997, 
Jacob Zuma, involucrado en un escándalo de corrupción. Mandela salió a defender al número dos del congresismo frente a las acusaciones de que era objeto, pero cuando Mbeki, en junio, decidió echar a Zuma del Gobierno, el anterior jefe del Estado aceptó "con profunda tristeza" la "correcta" medida tomada por el presidente. 

En diciembre de 2007, durante la 52ª Conferencia Nacional del ANC, Mandela mantuvo una neutralidad formal en la elección del presidente del partido, aunque no dejó de declararse "entristecido" por el espectáculo de divisiones internas, La acerba contienda fue ganada por Zuma, luego de zafarse provisionalmente de sus dos procesos por corrupción y violación, y tuvo como perdedor a Mbeki, quien, pese a tener que dejar la jefatura del Estado en 2009 por prescripción constitucional, pretendía prolongar su liderazgo partidario para seguir influyendo en el Ejecutivo. 

En realidad, Mandela estaba con Zuma, al que colmó de elogios tras su victoria en la Conferencia. En la clausura de la misma, Mandela elevó un llamamiento a la unidad del congresismo, pero la fractura en el ANC, abierta por unas divergencias personales e ideológicas demasiado profundas, era irreparable: en septiembre de 2008, Mbeki, sospechoso de haber instigado la persecución judicial contra Zuma, perdió la confianza del NEC y hubo de dimitir en la Presidencia de la República. 

A continuación, el sector centrista y liberal del congresismo que respaldaba a Mbeki materializó el cisma que ya venía barruntándose rompiendo con el ANC y creando el Congreso del Pueblo (COPE). Por otro lado, en noviembre de 2006 Mandela hizo un elogio fúnebre de el ex presidente racista Pieter Botha, fallecido a los 90 años. 

El 18 de julio de 2008, un débil Mandela, necesitado de asistentes para caminar y con algunas dificultades ya para hilar los discursos pero sorprendentemente desenvuelto para la edad que tenía, celebró su 90 cumpleaños en su casa de Qunu. En esta ocasión, reclamó a los pudientes del mundo que auxiliaran a la legión de desfavorecidos. 

El nonagésimo aniversario fue celebrado desde junio hasta agosto en toda Sudáfrica y en Londres, con un abigarrado programa de actos entre los que destacó un macroconcierto en Hyde Park dentro de la campaña 46664, una cena de recaudación de fondos cuajada de estrellas del cine y la música –y que no quisieron perderse el incondicional Clinton y el primer ministro británico, 
Gordon Brown-, una recepción real en el Palacio de Buckingham y una concentración de masas del ANC en Tshwane: a todos ellos asistió el homenajeado con su jovialidad inveterada. 

En febrero de 2009 Mandela se incorporó a la campaña electoral del partido y de Zuma, quien fue investido tercer presidente de la democracia en el mes de mayo. En julio siguiente, Mandela celebró su 91 cumpleaños en la intimidad familiar de su otro hogar en el barrio de Houghton, en Johannesburgo. Esta vez, las celebraciones internacionales tuvieron como principales escenarios la gran urbe de la provincia de Gauteng y el Madison Square Garden de Nueva York. 

Aunque este evento fue oficialmente declarado por la Asamblea General de la ONU, mediante su resolución 64/13, el 10 de noviembre de 2009 con vistas a celebrarse por vez primera el 18 de julio de 2010, el Día Internacional de Nelson Mandela ya empezó a observarse, a iniciativa de algunos grupos, el 18 de julio de 2009. El 27 de abril de este año, la campaña 46664 y la Fundación Nelson Mandela se adelantaron a la ONU y pidieron a la comunidad internacional y a los ciudadanos de todo el mundo que, en lo sucesivo, cada 18 de julio destinaran 67 minutos de su tiempo, uno por cada año de su vida que Mandela había dedicado a estas causas, al servicio comunitario y la justicia social, para "hacer del mundo un lugar mejor". 


5.4. Icono de la cultura popular

Al estrenar su novena década, Mandela ya había recibido más de 200 premios y reconocimientos, así como docenas de títulos universitarios, ciudadanías y membresías y presidencias en organizaciones de todo el mundo, con carácter honorífico. 

Además del galardón más prestigioso y conocido, el Nobel de la Paz, poseía los premios: Jawaharlal Nehru al Entendimiento Internacional (India, 1980); Bruno Kreisky (Austria, 1981); Simón Bolívar de la UNESCO (1983); el de la Fundación del Tercer Mundo para los Estudios Sociales y Económicos (Reino Unido, 1985); el de la ONU en el campo de los Derechos Humanos (1988); Sájarov a la Libertad de Conciencia del Parlamento Europeo (1988); Al-Gaddafi de los Derechos Humanos (Libia, 1989); Lenin de la Paz (URSS, 1990); el de la UNESCO en el campo de la Paz (1992); Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional (España, 1992); William Fulbright al Entendimiento Internacional (Estados Unidos, 1993); Gandhi de la Paz (India, 2001); y el Embajador de Conciencia de Amnistía Internacional (2006). 

Además, estaba en posesión de la Orden de Oro Olímpica del COI (1994), la Orden de Canadá (1998), las órdenes del Mérito y de St. John del Reino Unido (2004), y, por parte de Estados Unidos, de las medallas de la Libertad de Filadelfia (1993), de Oro del Congreso (1998) y Presidencial de la Libertad (2002). 

En 1995 Mandela publicó el libro autobiográfico Long Walk to Freedom, cuyos derechos de adaptación al cine cedió al productor sudafricano Anant Singh. Una década después, quien era seguramente el estadista más respetado y admirado, la mayor figura política mundial viva, en cuyo honor se habían compuesto canciones, erigido estatuas, emitido sellos de correos y acuñado monedas, que había dado su nombre a multitud de calles, parques y escuelas en todo el mundo (amén de a una especie de araña trepadora, lastasimopus mandelai, y hasta a una partícula subatómica), seguía sin tener, más allá de algunas encarnaciones televisivas, su biopic cinematográfico definitivo. 

En 2007 se estrenó el filme Goodbye Bafana, rodado por Bille August y protagonizado por Dennis Haysbert; el drama se circunscribe a las relaciones amistosas del preso de Robben Island con su oficial carcelero, James Gregory. 

En diciembre de 2009 se estrenó en Estados Unidos y Sudáfrica Invictus, con Clint Eastwood de director y Morgan Freeman en el papel de Mandela. La película es una adaptación del libro de John Carlin The Human Factor: Nelson Mandela and the Game that Changed the World, el cual relata la implicación del entonces presidente, deseoso de profundizar la reconciliación interracial, en el campeonato mundial de rugby de 1995, organizado y ganado por Sudáfrica tras años de exclusión de las competiciones deportivas. 

Mandela mismo apareció en multitud de documentales y series para la televisión, y, como actor de cameo, en la película Malcolm X, rodada por Spike Lee en 1992, donde se muestra brevemente como un maestro de escuela de Soweto que alecciona a sus jóvenes alumnos. 

En febrero de 2000 abrió sus puertas al público el Nelson Mandela Museum, que tiene sus instalaciones repartidas entre Umtata (actualmente conocida como Mthatha), Qunu y Mvezo. En Soweto, no lejos del museo dedicado al apartheid, puede visitarse el Mandela Family Museum, o Mandela House, la antigua vivienda familiar estrenada en 1946, cuando formó el hogar con su primera esposa, Evelyn, y que luego compartió con Winnie, quien la habitó mientras él estuvo preso. Desde 1999, la humilde vivienda, convenientemente restaurada y acondicionada, ostenta la condición de monumento nacional. 
Fuente: http://www.cidob.org/es/documentacio/biografias_lideres_politicos/africa/sudafrica/nelson_mandela