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Cervantes en Valladolid - Segunda

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N T E S - Cervantes en Valladolid - Segunda
En 1601 la Corte de Felipe III se estableció en la ciudad del Pisuerga.
El 8 de febrero de 1603 Cervantes todavía se encontraba en Madrid pero en la primavera de aquel año, una vez concluida su novela El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha iniciaría los trámites para su publicación, recurriendo al librero alcalaíno Francisco de Robles, establecido en 1601 en la calle de La librería de Valladolid. Es posible que Cervantes le entregara su manuscrito
durante un viaje que el librero hizo a Madrid en junio de 1604 para que lo presentara al Consejo de Castilla y obtuviese privilegio de impresión, vendiéndole a Robles sus derechos.
A finales de agosto o principios de septiembre de 1604. El escritor se encuentra establecido en Valladolid con su familia, en el cuarto principal de una vivienda ubicada en el Rastro nuevo de
los Carneros, extramuros de la ciudad y muy próxima al cauce del río Esgueva. Durante esta segunda estancia Cervantes coincidió, entre otros, con los escritores Francisco de Quevedo, Luis de Góngora, Luis Vélez de Guevara y Tomás Gracián Dantisco, reencontrándose con sus amigos el doctor y escritor Pedro Sanz de Soria y Cristóbal Suárez de Figueroa. Todavía residía en Valladolid el 7 de noviembre de 1605 y no se sabe cuándo exactamente abandonó la ciudad. El 4 de marzo de 1606
los Reyes volvieron a Madrid y al poco se trasladó el resto de la Corte. Se supone que Cervantes se dirigió a Toledo, donde en 1606 escribe la Ilustre fregona, pero en el otoño de aquel mismo año la familia Cervantes ya vivía en Madrid.
En la noche del 27 de junio de 1605, cerca de la vivienda de Cervantes, D. Gaspar de Ezpeleta,
caballero de la Orden de Santiago, fue gravemente herido por un desconocido embozado, y murió dos días más tarde.
De las averiguaciones procesales que se siguieron se desprende que dicho caballero pidió auxilio y fue socorrido por los vecinos, entre ellos Miguel de Cervantes. Ante la confusión de los diferentes
testimonios tomados en el lugar de los hechos, el alcalde Villarroel detuvo a varios testigos, uno de
ellos el escritor. Una vez esclarecido el suceso, Cervantes fue puesto en libertad y continuó viviendo
en Valladolid. Aquí asistió a la aparición de la primera parte de su inmortal novela El Ingenioso
Hidalgo Don Quijote de la Mancha, compartiendo el éxito con sus amigos entre los que se encontraban el señor de Higares, D. Fernando de Toledo, el italiano Raxio, el portugués Simón Méndez y poetas como el doctor Pedro Sanz de Soria y Cristóbal Suárez de Figueroa.
La publicación de un extracto del proceso por Juan Antonio Pellicer, en su esmerada edición de El Quijote (1797), y su reproducción en 1819 por el historiador cervantista Martín Fernández Navarrete, suscitó la curiosidad por averiguar si todavía existía la casa donde había vivido Cervantes.
Aunque la documentación referente a ese suceso no fue entonces suficiente para fijar con seguridad la casa donde habitó el escritor, en 1862 el profesor D. José Santa María de Hita fue capaz de localizar la ubicación exacta de las estancias habitadas por Cervantes, que sería aceptada oficialmente por todas las instituciones culturales y políticas el 23 de junio de 1866.
Durante su estancia en Valladolid Miguel de Cervantes no cesó en su actividad literaria, escribiendo
varias de sus Novelas Ejemplares como El Casamiento engañoso, El Coloquio de los Perros o El
Licenciado Vidriera.
También se pueden encontrar en sus obras referencias a distintas circunstancias históricas acaecidas
en Valladolid, a parajes de la ciudad y también de sus alrededores.
Su novela El Casamiento engañoso comienza:
“Salía del Hospital de la Resurrección, que está en Valladolid, fuera de la Puerta del Campo, un
soldado que, por servirle su espada de báculo y por la flaqueza de sus piernas y marillez de su
rostro, mostraba bien claro que, aunque no era el tiempo muy caluroso, debía de haber sudado en
veinte días todo el humor que quizá granjeó en una hora. Iba haciendo pinitos y dando traspiés,
como convaleciente; y al entrar por la puerta de la ciudad, vio que hacia él venía un su amigo, a
quien no había visto en más de seis meses; el cual, santiguándose como si viera alguna mala visión,
llegándose a él, le dijo:
-¿Qué es esto, señor alférez Campuzano?....
En El Licenciado Vidriera (a finales del otoño de 1605) se puede leer:
“No pregunto eso, sino que cuál es mejor lugar: ¿Valladolid o Madrid?. Y respondió: De Madrid, los
estremos; de Valladolid, los medios. No lo entiendo repitió el que se lo preguntaba. Y dijo: De Madrid, cielo y suelo; de Valladolid, los entresuelos. Oyó Vidriera que dijo un hombre a otro que, así como había entrado en Valladolid, había caído su mujer muy enferma, porque la había probado la tierra....”
En su novela La gitanilla se integra el romance a la reina Margarita y en él se hace referencia a la iglesia parroquial de San Lorenzo:
“Si me dan cuatro cuartos, les cantaré un romance yo sola, liadísimo en estremo, que trata de cuando la Reina nuestra señora Margarita salió a misa de parida en Valladolid y fue a San Llorente; dígoles que es famoso, y compuesto por un poeta de los del número, como capitán del batallón....”
“Salió a misa de parida / la mayor reina de Europa, en el valor y en el nombre / rica y admirable
joya./ Como los ojos se lleva / se lleva las almas todas / de cuantos miran y admiran / su devoción
y su pompa/....”
Resulta también muy verosímil que en Valladolid redactara, a finales de 1604, el prólogo de su Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.
En otras obras suyas Cervantes menciona parajes de Valladolid como el Espolón (Coloquio de los
perros), los ríos Pisuerga (El Quijote, I, 18 y II, 44; La Galatea) y Esgueva (Viaje al Parnaso, VIII),
la fuente de Argales o el Caño Dorado.
Tampoco faltan alusiones a las localidades de Tordesillas (Persiles y Segismundo, IV y El Quijote,
II, 62 y 70), Alaejos (El licenciado Vidriera), Valdestillas (La ilustre fregona), y Medina del Campo
(El Quijote, II, 31 o Rinconete y Cortadillo).

Fuente: C E R VA N T E S - B i o g r a f í a
Museo de Cervantes, Ministerio de Cultura

EPAFRAS. Pablo

EPAFRAS. Pablo lo llama cariñosamente "nuestro consiervo amado", y "fiel ministro de Cristo" (Colosenses 1:7); fundó la iglesia de Colosas, de la cual fue más tarde obispo. El alentador informe que dio a Pablo sobre la "fe en Cristo Jesús" de los colosenses y su "amor en el Espíritu" fortaleció al apóstol durante su primer encarcelamiento en Roma. El que Pablo lo llame "mi compañero de prisiones por Cristo Jesús" (Filemón 23) podría referirse a un verdadero encarcelamiento de Epafras (aunque la alusión pudiera ser a un cautiverio "espiritual" y no "físico"). El celo de Epafras lo llevó a evangelizar pueblos vecinos como Laodicea o Hierápolis (Colosenses 4:12-13). Al adherirse a Pablo en sus saludos a Filemón, demostró su constante preocupación por los miembros del Cuerpo de Cristo. Según la tradición, Epafras padeció el martirio en Colosas.

Fuente: Mini biografías de grandes
personajes bíblicos
Por Donald E. Demaray

Steve Jobs. La biografía Una vez que el caso quedó resuelto

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Steve Jobs. La biografía
Una vez que el caso quedó resuelto, Jobs siguió adelante con su vida y maduró en algunos aspectos, aunque no en todos. Abandonó las drogas, dejó de mantener una dieta vegana tan estricta y redujo el tiempo que pasaba en sus retiros zen. Comenzó a hacerse elegantes cortes de pelo y a comprar trajes y camisas en la distinguida tienda de ropa para hombres Wilkes Bashford, de San Francisco. Además, comenzó una relación formal con una de las empleadas de Regis McKenna, una hermosa mujer mitad polaca y mitad polinesia llamada Barbara Jasinski.
Por supuesto, todavía quedaba en él una veta de rebeldía. Jasinski, Kottke y él disfrutaban bañándose desnudos en el lago Felt, situado al borde de la carretera interestatal 280, junto a Stanford, y Jobs se compró una motocicleta BMW R60/2 de 1966 que decoró con borlas naranjas para el manillar. Sin embargo, todavía podía comportarse como un niño malcriado. Solía menospreciar a las camareras de los restaurantes y a menudo devolvía los platos que le servían, asegurando que eran «una basura». En la primera fiesta de Halloween de la empresa, celebrada en 1979, se disfrazó con una túnica como Jesucristo, un acto de egolatría semiirónico que a él le pareció divertido, pero que hizo que muchos asistentes pusieran los ojos en blanco. Además, incluso los primeros indicios de su domesticación mostraban algunas peculiaridades. Se compró una casa en las colinas de Los Gatos, que decoró con un cuadro de Maxfield Parrish, una cafetera de Braun y unos cuchillos Henckel. Sin embargo, como era tan obsesivo a la hora de elegir los muebles, la vivienda permaneció prácticamente desnuda, sin camas, ni sillas ni sofás. En vez de eso, su habitación contaba con un colchón en el centro, fotografías enmarcadas de Einstein y Maharaj-ji, y un Apple II en el suelo.
8
Xerox y Lisa
Interfaces gráficas de usuario
UN NUEVO BEBÉ
El Apple II llevó a la compañía desde el garaje de Jobs hasta la cima de una nueva industria. Sus ventas aumentaron espectacularmente, de 2.500 unidades en 1977 a 210.000 en 1981. Sin embargo, Jobs estaba inquieto. El Apple II no iba a seguir siendo un éxito eterno, y él sabía, independientemente de lo mucho que hubiera contribuido a ensamblarlo, desde los cables hasta la carcasa, que siempre se vería como la obra maestra de Wozniak. Necesitaba su propia máquina. Más aún, quería un producto que, según sus propias palabras, dejara una marca en el universo.
En un primer momento, esperaba que el Apple III desempeñara esa función. Tendría más memoria, la pantalla podría mostrar líneas de hasta 80 caracteres (en lugar de los 40 anteriores) y utilizaría mayúsculas y minúsculas. Jobs, centrándose en su pasión por el diseño industrial, determinó el tamaño y la forma de la carcasa exterior, y se negó a permitir que nadie lo modificara, ni siquiera cuando distintos equipos de ingenieros fueron añadiendo más componentes a las placas base. El resultado fueron varias placas superpuestas mal interconectadas que fallaban frecuentemente. Cuando el Apple III empezó a comercializarse en mayo de 1980, fue un fracaso estrepitoso. Randy Wigginton, uno de los ingenieros, lo resumió de la siguiente forma: «El Apple III fue una especie de bebé concebido durante una orgía en la que todo el mundo acaba con un terrible dolor de cabeza, y cuando aparece este hijo bastardo todos dicen: “No es mío”».
Para entonces, Jobs se había distanciado del Apple III y estaba buscando la forma de producir algo que fuera radicalmente diferente. En un primer momento flirteó con la idea de las pantallas táctiles, pero sus intentos se vieron frustrados. En una presentación de aquella tecnología, llegó tarde, se revolvió inquieto en la silla durante un rato y de pronto cortó en seco a los ingenieros en medio de su exposición con un brusco «gracias». Se quedaron perplejos. «¿Quiere que nos vayamos?», preguntó
uno. Jobs dijo que sí, y a continuación amonestó a sus colegas por hacerle perder el tiempo.
Entonces Apple y él contrataron a dos ingenieros de Hewlett-Packard para que diseñaran un ordenador completamente nuevo. El nombre elegido por Jobs habría hecho trastabillar hasta al más curtido psiquiatra: Lisa. Otros ordenadores habían sido bautizados con el nombre de hijas de sus diseñadores, pero Lisa era una hija a la que Jobs había abandonado y que todavía no había reconocido del todo. «Puede que lo hiciera porque se sentía culpable —opinó Andrea Cunningham, que trabajaba
con Regis McKenna en las relaciones públicas del proyecto—. Tuvimos que buscar un acrónimo para poder defender que el nombre no se debía a la niña, Lisa». El acrónimo que buscaron a posteriori fue «Local Integrated Systems Architecture», o «Arquitectura de Sistemas Integrados Locales», y a pesar de no tener ningún sentido se convirtió en la explicación oficial para el nombre. Entre los ingenieros se referían a él como «Lisa: Invented Stupid Acronym» («Lisa: Acrónimo Estúpido e Inventado»). Años más tarde, cuando le pregunté por aquel nombre, Jobs se limitó a admitir: «Obviamente, lo llamé así por mi hija».
El Lisa se concibió como una máquina de 2.000 dólares basada en un microprocesador de 16 bits, en lugar del de 8 bits que se utilizaba en el Apple II. Sin la genialidad de Wozniak, que seguía trabajando discretamente en el Apple II, los ingenieros comenzaron directamente a producir un ordenador con una interfaz de texto corriente, incapaz de aprovechar aquel potente microprocesador para que hiciera algo interesante. Jobs comenzó a impacientarse por lo aburrido que estaba resultando
aquello.
Sin embargo, sí que había un programador que aportaba algo de vida al proyecto: Bill Atkinson. Se trataba de un estudiante de doctorado de neurociencias, que había experimentado bastante con el ácido. Cuando le pidieron que trabajara para Apple, rechazó la oferta, pero cuando le enviaron un billete de avión no reembolsable, Atkinson decidió utilizarlo y dejar que Jobs tratara de persuadirlo. «Estamos inventando el futuro —le dijo Jobs al final de una presentación de tres horas —. Piensa que estás haciendo surf en la cresta de una ola. Es una sensación emocionante. Ahora imagínate nadando como un perrito detrás de la ola. No sería ni la mitad de divertido. Vente con nosotros y deja una marca en el mundo». Y Atkinson lo hizo.
Con su melena enmarañada y un poblado bigote que no ocultaba la animación de su rostro, Atkinson tenía parte de la ingenuidad de Woz y parte de la pasión de Jobs por los productos elegantes de verdad. Su primer trabajo consistió en desarrollar un programa que controlara una cartera de acciones al llamar automáticamente al servicio de información del Dow Jones, recibir los datos y colgar. «Tenía que crearlo rápidamente porque ya había un anuncio a prensa para el Apple II en el que se
mostraba a un marido sentado a la mesa de la cocina, mirando una pantalla de Apple llena de gráficos con los valores de las acciones, y a su esposa sonriendo encantada. Pero no existía tal programa, así que había que desarrollarlo». A continuación generó para el Apple II una versión de Pascal, un lenguaje de programación de alto nivel. Jobs se había resistido, porque pensaba que el BASIC era todo lo que le hacía falta al Apple II, pero le dijo a Atkinson: «Ya que tanto te apasiona, te
daré seis días para que me demuestres que me equivoco». Bill lo logró y se ganó para siempre el respeto de Jobs.
En el otoño de 1979, Apple criaba tres potrillos como herederos potenciales de su bestia de carga, el Apple II. Por una parte estaba el malhadado Apple III y por otra el proyecto Lisa, que estaba comenzando a defraudar a Jobs. Y en algún punto, oculto al radar de Steve, al menos por el momento, existía un pequeño proyecto semiclandestino para desarrollar una máquina de bajo coste que por aquel entonces llevaba el nombre en clave de «Annie» y que estaba siendo desarrollado por Jef Raskin, un antiguo profesor universitario con el que había estudiado Bill Atkinson. El objetivo de Raskin era producir un «ordenador para las masas». Tenía que ser económico, funcionar como un electrodoméstico más (una unidad independiente en la cual el ordenador, el teclado, la pantalla y el software estuvieran integrados) y tener una interfaz gráfica. Así que Raskin trató de dirigir la atención de sus colegas de Apple hacia un centro de investigación muy de moda, situado en el propio Palo Alto, que era pionero en aquellas ideas.

Fuente: Steve Jobs. La biografía
Walter Isaacson
Traducción de
David González-Iglesias González/Torreclavero
www.megustaleer.com

ENOC.

ENOC.
 Enoc fue hijo de lared y padre de Matusalén (Génesis 5:18, 21). En la genealogía que consta en San Lucas ocupa un sitio entre los antepasados de Cristo (Lucas 3:37). Enoc era un varón que contrastaba con su tiempo. En una época en que "la maldad de los hombres era mucha en la tierra", Enoc "caminó con Dios" (Génesis 6:5; 5:24). De cada uno de sus antepasados se va diciendo, "y murió"; pero al llegar a Enoc tenemos la admirable expresión, "y desapareció, porque le llevó Dios" (Génesis 5:24). Esta sencilla y vigorosa afirmación da pie a la declaración de Hebreos: "Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios" (Hebreos 11:5).
Una curiosa tradición judía afirma que Enoc fue el inventor de la astronomía, el alfabeto y la aritmética. Vivió 365 años.

Fuente: Mini biografías de grandes
personajes bíblicos
Por Donald E. Demaray

Miguel de Cervantes Saavedra

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Miguel de Cervantes Saavedra nace en Alcalá de Henares en 1547; tras una breve estancia en Valladolid con su familia reside en Córdoba en 1553, estudiando con los jesuitas dos cursos de gramática. En 1558 vive en Cabra, y en 1563 se traslada a Sevilla, donde continúa estudiando con los padres de la Compañía (tercero y cuarto de gramática). En 1566 la familia residía en Madrid, y Miguel comenzó a asistir al Estudio de Gramática donde recibió enseñanzas del clérigo humanista Juan López de Hoyos, manifestándose como poeta precoz con ocasión de la muerte de la reina Isabel de Valois (1568).
Más tarde intervino en la toma de Túnez, y cuando se disponía a regresar a España en 1575, la galera donde viajaba fue asaltada por los corsarios, y fue apresado junto a la tripulación y a su hermano Rodrigo; tras varios años de cautiverio y repetidos intentos de fuga, fue redimido en 1580 por el trinitario fray Juan Gil previa entrega de 500 ducados de oro.
Siguiendo los pasos de la corte, pasó a Portugal y allí recibió misión real de Felipe II para marchar a
Orán. En 1582, ya en Madrid comienza una intensa actividad literaria.
De su relación con la joven tabernera Ana d e Villafranca de Rojas, casada, nació en 1584 su
hija Isabel, quien entró al servicio d e su tía Magdalena Cervantes al morir su madre en 1598.
Aquel mismo año, Miguel se casó en Esquivias con Catalina Salazar Vozmediano y Palacios, de 19 años.
Pocos años después de su matrimonio, en 1587 marcha solo a Sevilla. Durante trece años t u v o c a r g o d e comisionado, primero reuniendo provisiones de trigo, cebada, aceite en Écija, La Rambla, Marchena, Carmona, Jaén, Úbeda, Baeza, Estepa, Montilla, para la flota que se pertrechaba contra Inglaterra. Fracasado su intento de conseguir destino en América, trabajó en la recaudación de tercias
y alcabalas en el reino de Granada. Tan difíciles y espinosos encargos le procuraron serios disgustos
que en varias ocasiones le llevaron a la cárcel –Castro del Río (1592), Sevilla (1597- 1598)– por acusaciones relacionadas con asuntos de la hacienda real.
En 1600 se traslada a Madrid, haciendo visitas a Toledo y Esquívias. En 1604 viaja a Valladolid para solucionar su “negocio” literario más importante: la edición de su novela El Quijote, y después se instaló en la ciudad, entonces Corte Real, donde permaneció seguramente hasta los primeros meses de 1606.
Los diez últimos años de vida los pasaría en Madrid, culminando su producción literaria y saboreando lo poco que pudo disfrutar de sus éxitos. Al final de su existencia el escritor padecía hidropesía o diabetes y habitaba en su casa de la calle León, equina a Francos (hoy C/ Cervantes), donde murió en 1616 siendo enterrado en la vecina iglesia conventual de las monjas Trinitarias de San Ildefonso.
Su esposa le sobrevivió hasta el año 1626 y su hija Isabel falleció el 20 de septiembre del 1652.
Su vida difícil y azarosa no le impidió crear una sólida obra literaria, cuya carrera se inicia con la
novela pastoril La Galatea (1585) y prosigue con sus comedias en verso (Los baños de Argel) y
sus entremeses en prosa (El retablo de las maravillas ), convirtiéndose con su Ingenioso Hidalgo
Don Quijote de la Mancha (1605) el más extraordinario exponente de la literatura castellana y uno
de los más representativos de la universal. Las doce Novelas Ejemplares (La Gitanilla, La ilustre
fregona, Rinconete y Cortadillo, El coloquio de los perros) aparecidas entre 1605 y 1613 constituyen
el pórtico de su Viaje al Parnaso (1614) y de la segunda parte del Quijote (1615), cerrando su
producción Los trabajos de Persiles y Sigismunda.
La primera ocasión que Miguel de Cervantes residió en Valladolid contaba solamente 4 años.
Acompañando a sus padres (Rodrigo Cervantes y Leonor de Cortina) y hermanos, habitó en una casa situada en la entonces denominada Acera de Sancti Spiritus (hoy Paseo de Zorrilla), próxima al monasterio del mismo nombre, situado enfrente del convento del Carmen Calzado y muy alejada del centro de la por entonces villa del Pisuerga.

Fuente: Ministerio de Cultura
Museo Casa de Cervantes 

ELISEO.

ELISEO.Eliseo, "hijo de Safat, de Abel-meola" (1 Reyes 19:16) fue el discípulo y sucesor del profeta Elías. Éste "halló a Eliseo. . . que araba con doce yuntas delante de sí, y él tenía la última. Y pasando Elías por delante de él, echó sobre él su manto" (1 Reyes 19:19). Esto fue señal y símbolo de que Elías adoptaba a Eliseo por hijo y sucesor en el ministerio profético. Eliseo dejó a su familia y estuvo con Elías seis u ocho años antes que éste abandonara la tierra. La carrera de Eliseo se distingue por actos misericordiosos y actividad incesante. Su propósito único era completar las reformas de Elías en cuanto a renovar las antiguas verdades y librar a su pueblo del paganismo. Con frecuencia se le llamó "varón de Dios" (2 Reyes 4:9; 5:15). Algunos de sus milagros incluyen la multiplicación del aceite de la viuda (2 Reyes 4:1-7), volver inofensivas unas calabazas mortíferas (2 Reyes 4.38-41) y hacer que flotara un hacha en el río (2 Reyes 6: 1-7). Por lo menos dos de sus milagros se asemejan a
algunos de los de Jesús: la multiplicación del pan (2 Reyes 4:42-44) y la curación de Naamán el leproso (2 Reyes 5:1-14).

Fuente: Mini biografías de grandes
personajes bíblicos
Por Donald E. Demaray

ELISABET. Elisabet

ELISABET. Elisabet fue una de las mujeres mejor relacionadas con Jesús. Fue esposa de Zacarías y madre de Juan el Bautista (Lucas 1:5, 57-63). Un notable acto de su vida fue el bendecir a María como "madre de mi Señor" (Lucas 1:43). Aunque poco se dice de ella, se le consideraba justa y obediente a Dios.

Fuente: Mini biografías de grandes
personajes bíblicos
Por Donald E. Demaray

Steve Jobs. La biografía -7 Chrisann y Lisa

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7 Chrisann y Lisa
El que ha sido abandonado...
Desde que vivieron juntos en una cabaña durante el verano siguiente a su salida del instituto, Chrisann Brennan había estado entrando y saliendo de la vida de Jobs.
Cuando este regresó de la India en 1974, pasaron un tiempo juntos en la granja de Robert Friedland. «Steve me invitó a acompañarlo, y éramos jóvenes y libres y llevábamos una vida relejada  recordaba—. Allí había una energía que me llegó al corazón».
Cuando regresaron a Los Altos, su relación evolucionó hasta convertirse, en líneas generales, en una mera amistad. Él vivía en su casa y trabajaba para Atari, mientras que ella tenía un pequeño apartamento y pasaba mucho tiempo en el centro zen de Kobun Chino. A principios de 1975, Chrisann comenzó una relación con un amigo común de la pareja, Greg Calhoun. «Estaba con Greg, pero de vez en cuando volvía con Steve —comentó Elizabeth Holmes—. Aquello era de lo más normal para todos nosotros. Íbamos pasando de unos a otros. Al fin y al cabo, eran los setenta».
Calhoun había estado en Reed con Jobs, Friedland, Kottke y Holmes. Al igual que los demás, se interesó profundamente por la espiritualidad oriental, dejó los estudios en Reed y se abrió camino hasta la granja de Friedland. Allí, se instaló en un gallinero de unos quince metros cuadrados que transformó en una casita tras elevarla sobre bloques de hormigón y construir un dormitorio en su interior. En la primavera de 1975, Brennan se mudó al gallinero con Calhoun, y el año siguiente
decidieron realizar también un peregrinaje a la India. Jobs le aconsejó a su amigo que no se llevase a Brennan consigo, porque aquello iba a interferir en su búsqueda espiritual, pero la pareja no desistió de sus planes. «Había quedado tan impresionada por lo que le había pasado a Steve durante su viaje a la India que yo también quise ir allí», comentó ella.
Aquel fue un viaje con todas las de la ley, que comenzó en marzo de 1976 y duró casi un año. En un momento dado se quedaron sin dinero, así que Calhoun hizo autoestop hasta Irán para impartir clases de inglés en Teherán. Brennan se quedó en la India, y cuando él acabó su labor como profesor, ambos hicieron de nuevo autoestop para encontrarse en un punto intermedio, en Afganistán. El mundo era un lugar muy diferente por aquel entonces.
Tras un tiempo, su relación se fue desgastando, y ambos regresaron de la India por separado. En el verano de 1977, Brennan había vuelto a Los Altos, donde vivió durante un tiempo en una tienda de campaña situada en terrenos del centro zen de Kobun Chino. Para entonces, Jobs ya había salido de la casa de sus padres y alquilado, por 600 dólares al mes y a medias con Daniel Kottke, un chalé en una urbanización de Cupertino. Aquella era una escena extraña, dos hippies de espíritu libre viviendo en una casa a la que llamaban «Rancho Residencial». «Era una casa de cuatro habitaciones, y a veces alquilábamos alguna de ellas durante un tiempo a todo tipo de chiflados, como una bailarina de striptease», recordaba Jobs. Kottke no podía comprender por qué Jobs no se había mudado él solo a una casa, puesto que por aquel entonces ya podía permitírselo. «Creo que, sencillamente, quería tener un compañero de residencia», especuló Kottke.
A pesar de que solo había mantenido una relación esporádica con Jobs, Brennan pronto acabó viviendo también allí. Aquello condujo a una serie de acuerdos de convivencia dignos de una comedia francesa. La casa contaba con dos grandes dormitorios y dos pequeños. Jobs, como era de esperar, se adjudicó el mayor de todos ellos, y Brennan (puesto que no estaba realmente viviendo con Steve) se mudó a la otra habitación grande. «Los otros dos cuartos tenían un tamaño como para bebés, y yo no quería quedarme en ninguno de los dos, así que me mudé al salón y dormía en un colchón de espuma», comentó Kottke. Convirtieron una de las salas pequeñas en un espacio para meditar y consumir ácido, igual que en el ático anteriormente utilizado en Reed. Estaba lleno de espuma de embalaje proveniente de las cajas de Apple. «Los chicos del barrio solían venir, nosotros los metíamos en aquella habitación y se lo pasaban en grande —relató Kottke—. Hasta que Chrisann
trajo a casa unos gatos que se mearon en la espuma, y tuvimos que deshacernos de ella».
Convivir en aquella casa reavivaba en ocasiones la relación física que Chrisann Brennan mantenía con Jobs, y pasados unos meses la chica se quedó embarazada. «Steve y yo estuvimos entrando y saliendo de aquella relación durante los cinco años anteriores a yo me quedara embarazada —dijo ella—. No sabíamos estar juntos y tampoco sabíamos estar separados». Cuando Greg Calhoun llegó haciendo autoestop desde Colorado para visitarlos el día de Acción de Gracias de 1977, Chrisann
le contó la noticia. «Steve y yo hemos vuelto y ahora estoy embarazada, pero seguimos rompiendo y volviendo a juntarnos, y no sé qué hacer», anunció.
Calhoun advirtió que Jobs parecía estar desconectado de aquella situación. Incluso trató de convencer a Calhoun para que se quedara con ellos y fuera a trabajar a Apple. «Steve no se estaba enfrentando a la situación con Chrisann y al embarazo —recordaba—. Podía volcarse completamente en ti un instante, para desapegarse al siguiente. Había una faceta de su personalidad que resultaba aterradoramente fría».
Cuando Jobs no quería enfrentarse a una distracción, a veces optaba por ignorarla, como si pudiera conseguir que dejara de existir simplemente gracias a la fuerza de su voluntad. En ocasiones era capaz de distorsionar la realidad, no solo para los demás, sino incluso para sí mismo. En el caso del embarazo de Brennan, sencillamente lo expulsó de su mente. Cuando se vio obligado a afrontar la situación, negó saber que él era el padre, a pesar de que reconoció que había estado acostándose con ella. «No tenía la certeza de que fuera hijo mío, porque estaba bastante seguro de que yo no era el único con el que se había estado acostando —me contó más tarde—. Ella y yo ni siquiera estábamos saliendo cuando se quedó embarazada. Simplemente tenía una habitación en nuestra casa». A Brennan no le cabía ninguna duda de que Jobs era el padre. No había estado viéndose con Greg ni con ningún otro hombre por aquella época.
¿Estaba Jobs engañándose a sí mismo, o realmente no sabía que él era el padre? «Creo que no podía acceder a esa parte de su cerebro o a la idea de tener que ser responsable», suponía Kottke. Elizabeth Holmes estaba de acuerdo: «Consideró la posibilidad de la paternidad y consideró la posibilidad de no ser padre, y decidió creerse esta última. Tenía otros planes para su vida».
No se discutió el tema del matrimonio. «Yo sabía que ella no era la persona con la que me quería casar y que nunca seríamos felices, que no duraría mucho — comentaba Jobs después—. Estaba a favor de que abortara, pero ella no sabía qué hacer. Lo pensó mucho y al final decidió no hacerlo, o puede que realmente no llegara a decidirlo, creo que el tiempo tomó la decisión por ella». Brennan me contó que había tomado la decisión consciente de tener al bebé. «Él dijo que el aborto le parecía una buena opción, pero nunca me presionó al respecto». Resulta interesante ver cómo, a la luz de su propio pasado, hubo una opción que rechazó de plano.
«Insistió e insistió en que no entregara al bebé en adopción», comentó ella.
Se produjo entonces una inquietante ironía. Jobs y Brennan tenían ambos veintitrés años, la misma edad que Joanne Schieble y Abdulfattah Jandali cuando tuvieron a Jobs. Él todavía no había localizado a sus padres biológicos, pero sus padres adoptivos le habían informado parcialmente de su historia. «No sabía en aquel momento que nuestras edades coincidían, así que aquello no tuvo ningún efecto en mis discusiones con Chrisann», declaró él posteriormente. Jobs rechazó la idea de que
estuviera de alguna forma siguiendo la pauta de su padre biológico de no enfrentarse a la realidad o asumir su responsabilidad a los veintitrés años, pero sí reconoció que aquella irónica similitud le hizo reflexionar. «Cuando me enteré de que Joanne tenía veintitrés años cuando se quedó embarazada de mí, pensé: “¡Guau!”».
La relación entre Jobs y Brennan se deterioró rápidamente. «Chrisann adoptaba una postura victimista y denunciaba que Steve y yo estábamos en su contra — recordaba Kottke—. Steve se limitaba a reírse y a no tomársela en serio». Brennan no tenía una gran estabilidad emocional, como ella misma reconoció posteriormente. Comenzó a romper platos, arrojar objetos, destrozar la casa y escribir palabras obscenas con carbón en las paredes. Aseguró que, con su insensibilidad, Jobs se empeñaba en provocarla. «Es un ser iluminado, y también cruel. Resulta una combinación extraña». Kottke se vio atrapado entre ambos. «Daniel carecía de esa crueldad, así que estaba algo desconcertado por el comportamiento de Steve —afirmó Brennan—. Pasaba de afirmar: “Steve no te está tratando bien” a reírse con él de mí».
Entonces Robert Friedland llegó al rescate. «Se enteró de que yo estaba embarazada y me dijo que fuera a la granja a tener al bebé —recordaba—, así que eso hice». Elizabeth Holmes y otros amigos suyos todavía vivían allí, y encontraron a una matrona de Oregón para que los ayudara con el parto. El 17 de mayo de 1978, Brennan dio a luz a una niña. Tres días más tarde, Jobs tomó un avión para estar con ellas y ayudar a elegir el nombre de la pequeña. La práctica habitual en la comuna era la de darles a los niños nombres relacionados con la espiritualidad oriental, pero Jobs insistió en que, puesto que la niña había nacido en Estados Unidos, había que ponerle un nombre adecuado. Brennan estuvo de acuerdo. La llamaron Lisa Nicole Brennan, y no le pusieron el apellido de Jobs. A continuación, se marchó para volver a trabajar en Apple. «No quería tener nada que ver con la niña ni conmigo», afirmaría Brennan.
Ella y Lisa se mudaron a una casa diminuta y destartalada situada en la parte trasera de un edificio de Menlo Park. Vivían de lo que les ofrecían los servicios sociales, porque Brennan no se sentía con ánimos de denunciar al padre para que le pagara la manutención de la pequeña. Al final, el condado de San Mateo demandó a Jobs y le obligó a hacerse la prueba de paternidad para asumir sus responsabilidades económicas. Al principio, Jobs estaba decidido a presentar batalla. Sus abogados
querían que Kottke testificara que nunca los había visto juntos en la cama, y trataron de acumular pruebas que demostraran que Brennan se había estado acostando con otros hombres. «Hubo un momento en que le grité a Steve por teléfono: “Sabes que eso no es cierto” —recordaba Brennan—. Estaba dispuesto a arrastrarme ante el tribunal con mi bebé y a tratar de demostrar que yo era una puta, que cualquiera podría haber sido el padre de mi hija».
Un año después de que Lisa naciera, Jobs accedió a someterse a la prueba de paternidad. La familia de Brennan se sorprendió, pero Jobs sabía que Apple iba a salir pronto a Bolsa y decidió que lo mejor era resolver aquel asunto cuanto antes. Las pruebas de ADN eran algo nuevo, y la que se hizo Jobs fue llevada a cabo en la Universidad de California en Los Ángeles. «Había leído algo sobre aquellas pruebas de ADN, y estaba dispuesto a pasar por ellas para dejarlo todo claro», afirmó.
Los resultados fueron bastante concluyentes. «La probabilidad de paternidad [...] es del 94,41 %», rezaba el informe. Los tribunales de California ordenaron a Jobs que empezara a pagar 385 dólares mensuales para la manutención de la pequeña, que firmara un acuerdo en el que reconocía su paternidad y que le devolviera al condado 5.856 dólares en concepto de asistencia de los servicios sociales. A cambio le otorgaron el derecho a visitar a su hija, aunque durante mucho tiempo no hizo
uso de él.
Incluso entonces, Jobs seguía a veces alterando la realidad que le rodeaba. «Al final nos lo dijo a los miembros del consejo de administración —recordaba Arthur Rock—, pero seguía insistiendo en que había muchas probabilidades de que él no fuera el padre. Deliraba». Según le dijo a Michael Moritz, un periodista de Time, si se analizaban las estadísticas, quedaba claro que «el 28 % de la población masculina de Estados Unidos podría ser el padre». Aquella no solo era una afirmación falsa, sino también muy extraña. Peor aún, cuando Chrisann Brennan se enteró más tarde de lo que él había dicho, creyó equivocadamente que Jobs había realizado la hiperbólica declaración de que ella podría haberse acostado con el 28 % de los varones estadounidenses. «Estaba tratando de presentarme como una guarra — recordaba ella—. Intentó asignarme la imagen de una puta para no asumir su responsabilidad».
Años más tarde, Jobs se mostró arrepentido por la forma en que se había comportado, y fue una de las pocas ocasiones de su vida en las que lo reconoció: Me gustaría haber enfocado el asunto de una forma diferente. En aquel momento no podía verme como padre, así que no me enfrenté a la situación. Sin embargo, cuando los resultados de la prueba demostraron que era mi hija, no es cierto que yo lo pusiera en duda. Accedí a mantenerla hasta que cumpliera los dieciocho años de edad y le di también algo de dinero a Chrisann. Encontré una casa en Palo Alto, la amueblé y les dejé vivir allí sin que tuvieran que pagar alquiler alguno. Su madre le buscó colegios estupendos que yo pagué. Traté de hacer lo correcto, pero si pudiera hacerlo de nuevo, lo haría mejor.

Fuente: Steve Jobs. La biografía
Walter Isaacson
Traducción de
David González-Iglesias González/Torreclavero
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