Nelson Mandela parte 7



2.3. 1994, el año emblemático de la nueva Sudáfrica: gran victoria electoral del ANC, Gobierno de Unidad Nacional e investidura de Mandela en la Presidencia 
En vísperas de las elecciones generales, Mandela, junto con de Klerk, consiguió involucrar al renuente Buthelezi en el proceso democrático, ahorrando al país un boicot del partido zulú que probablemente habría desembocado en un baño de sangre y habría hecho que la era democrática naciera con mal pie. Tras arduas negociaciones, el Memorándum de paz y reconciliación entre el ANC, el IFP y el Gobierno fue firmado por los tres dirigentes el 19 de abril de 1994. 

Monitorizadas por los 2.500 miembros de la Misión de Observadores de Naciones Unidas en Sudáfrica (UNOMSA), las elecciones a la primera Asamblea Nacional multipartidista, con funciones de Asamblea Constituyente, se desarrollaron entre el 26 y el 28 de abril de 1994. 

En el segundo día de votaciones, el 27 de abril, entró en vigor la Constitución Interina, que entre otras transformaciones supuso la abolición de los diez bantustanes que poseían el estatus autónomo o semiindependiente, y por ende la reincorporación de sus territorios a la organización provincial. Las cuatro provincias tradicionales, El Cabo, Natal, Transvaal y el Estado Libre de Orange, fueron subdivididas para dar lugar a nueve provincias nuevas. A la vez, comenzó a ondear la nueva bandera nacional, diseñada por el vexilólogo autor también de la bandera de Namibia en 1990, con un diseño multicolor que simbolizaba la pluralidad racial de la "nación arco iris". 

Tal como se esperaba, el ANC, formando lista conjunta con su partido hermano, el SACP, obtuvo una victoria arrolladora, el 62,6% de los votos y 252 de los 400 escaños. El NP se hizo con el 20,4% de los votos y 82 escaños, unos resultados bastante meritorios y que de hecho excedían con creces el peso demográfico de los blancos. El IFP vino a continuación con el 10,5% de los sufragios y 43 asientos. Las votaciones a las nueve asambleas provinciales dibujaron una supremacía congresista incluso más acusada: el partido de Mandela se aseguró el control de todos los gobiernos provinciales salvo los de KwaZulu-Natal y el Cabo Occidental, retenidos respectivamente por el IFP y el NP. 

Mandela se congratuló por el desarrollo y los resultados de las elecciones con estas palabras: "La calma y la atmósfera de tolerancia que han prevalecido en las elecciones prefiguran el tipo de Sudáfrica que podemos construir. Establecen la tónica de cara al futuro. Podemos tener diferencias, pero somos un pueblo con un destino común en nuestra rica variedad de culturas, razas y tradiciones". 

El 6 de mayo Mandela desveló el grueso de la composición del Gobierno de Unidad Nacional (GUN) formado por el ANC, el NP y el IFP. En el Consejo de Ministros pasaban a compartir mesa prácticamente todas las personalidades partidistas que habían protagonizado la transición. Flanqueando a Mandela aparecían su mano derecha y a estas alturas, en tanto que presidente nacional del ANC, su heredero oficial, Thabo Mbeki, como vicepresidente primero de la República, y de Klerk, como vicepresidente segundo. 

De los 28 ministerios con cartera, el binomio ANC-SACP se quedó con 17, destacando las presencias de Alfred Nzo en Asuntos Exteriores, Joe Slovo en Vivienda y Asuntos Sociales, y Joe Modise en Defensa. Ramaphosa no ocupó un puesto en el Ejecutivo porque se reservó para la presidencia de la Asamblea Constituyente. La sensible cartera de Finanzas fue revalidada por el titular del Gobierno saliente, Derek Keys, mientras que la de Minas y Energía quedó en manos de su colega de partido Roelof Pik Botha, el liberal ministro de Exteriores con de Klerk 

Al acceder a que los blancos nacionalistas retuvieran estos dos importantes ministerios, Mandela transmitía el mensaje tranquilizador de que el nuevo Gobierno de mayoría negra acometería la reforma socioeconómica, esperada con gran ilusión por millones de sudafricanos pobres, desocupados y excluidos, sin revanchismos rencorosos ni radicalismos revolucionarios. 

El mismo criterio de oportunidad política presidió la entrega del Ministerio del Interior a Buthelezi, en la creencia de que el recalcitrante caudillo zulú, una vez revestido de responsabilidades nacionales, se vería obligado a templar los ánimos en KwaZulu-Natal, permitiendo reducir los niveles de violencia regional. Winnie Mandela no fue hecha miembro del Gabinete, pero sí del Gobierno, en calidad de viceministra de Artes, Cultura, Ciencia y Tecnología; antes de un año, Winnie, casi siempre problemática, iba a ser destituida por Mandela al hilo de unas acusaciones de corrupción. 

El 9 de mayo la Asamblea invistió a Mandela presidente de la República con mandato constitucional hasta 1999. En su discurso a la Cámara, el mandatario aseguró que: "Hoy estamos entrando en una nueva era para nuestro país y su pueblo. Hoy no celebramos la victoria de un partido, sino la victoria de todo el pueblo de Sudáfrica". 

Al día siguiente, en presencia de numerosos líderes mundiales y en un ambiente festivo y lleno de color, Mandela tomaba posesión del cargo en Pretoria junto con los vicepresidentes Mbeki y de Klerk. La mayoría de los ministros estrenaron sus despachos el 11 de mayo y el resto lo hizo dos días después. El histórico cambio de guardia se desarrolló en una atmósfera de euforia generalizada, vivido por las masas negras con un fervor prácticamente mesiánico. 

En su meditado discurso, probablemente el más importante de su dilatada trayectoria, Mandela dijo que: "Al margen de la experiencia de un desastre humano extraordinario que duró demasiado tiempo, debe nacer una sociedad de la que toda la humanidad pueda sentirse orgulloso (…) El tiempo para la curación de las heridas ha llegado. El momento de salvar los fosos que nos dividen ha llegado (…) Al final, hemos alcanzado nuestra emancipación política. Nos comprometemos a liberar a nuestro pueblo de la esclavitud continua de la pobreza, la privación, el sufrimiento, el sexismo y otras formas de discriminación", afirmó. 

Y también: "Dedicamos este día a todos los héroes y heroínas de este país y el resto de mundo que se sacrificaron de muchas maneras y entregaron sus vidas para que seamos libres. Sus sueños se han hecho realidad. La libertad es su recompensa (…) Debemos actuar juntos como un pueblo unido, para la reconciliación nacional, para la construcción de la nación, para el nacimiento de un nuevo mundo. Que haya justicia para todos. Que haya paz para todos. Que haya trabajo, pan, agua y sal para todos (…) Que nunca, nunca, nunca más esta bella tierra experimente de nuevo la opresión de unos por otros ni sufra la indignidad de ser el apestado del mundo". 

Steve Jobs. La biografía El Apple II


Steve Jobs. La biografía
El Apple II
El amanecer de una nueva era
UN PAQUETE INTEGRADO
Cuando Jobs salió del recinto de la feria, se dio cuenta de que Paul Terrell, de la Byte Shop, tenía razón: los ordenadores personales debían venir en un paquete completo. Decidió que el siguiente Apple necesitaba tener su buena carcasa, un teclado conectado y estar totalmente integrado, desde la fuente de alimentación hasta el software pasando por la pantalla. «Mi objetivo era crear el primer ordenador completamente preparado —recordaba—. Ya no estábamos tratando de llegar a un puñado de aficionados a la informática a los que les gustaba montar sus propios ordenadores, y comprar transformadores y teclados. Por cada uno de ellos había un millar de personas deseosas de que la máquina estuviera lista para funcionar».
En su habitación de hotel, ese puente del Día del Trabajo de 1976 Wozniak trabajaba en el prototipo del nuevo aparato —que pasó a llamarse Apple II—, el que Jobs esperaba que los llevara a un nuevo nivel. Solo sacaron el prototipo en una ocasión, a altas horas de la noche, para probarlo en un proyector de televisión en color de una de las salas de conferencias. Wozniak había descubierto una ingeniosa manera de hacer que los chips empleados generasen colores, y quería saber si funcionaría proyectado sobre una pantalla como las del cine. «Supuse que un proyector tendría un circuito de colores diferente que bloquearía el método diseñado por mí — comentó—. Pero conecté el Apple II a aquel proyector y funcionó perfectamente». Mientras iba tecleando, aparecieron líneas y volutas llenas de color en la pantalla situada en el otro extremo de la sala. La única persona ajena a Apple que vio aquel primer prototipo fue un empleado del hotel. Aseguró que, después de haberleechado un vistazo a todas las máquinas, esa era la que él se compraría.
Para producir el Apple II completo hacían falta importantes cantidades de capital, así que consideraron la posibilidad de venderle los derechos a una compañía de mayor tamaño. Jobs fue a ver a Al Alcorn y le pidió que le dejara presentar el producto a los directores de Atari. Organizó una reunión con el presidente de la compañía, Joe Keenan, que era mucho más conservador que Alcorn y Bushnell. «Steve se dispuso a presentarle el producto, pero Joe no podía soportarlo — recordaba Alcorn—. No le hizo gracia la higiene de Steve». Jobs, que iba descalzo, en un momento dado puso los pies encima de la mesa. «¡No solo no vamos a comprar este cacharro —gritó Keenan—, sino que vas a quitar los pies de mi mesa!». Alcorn recuerda que pensó: «Bueno, se acabó lo que se daba».
En septiembre Chuck Peddle, de la compañía de ordenadores Commodore, visitó la casa de Jobs para una presentación del producto. «Abrimos el garaje de Steve para que entrase la luz del sol, y él llegó vestido con traje y un sombrero de vaquero», recordaba Wozniak. A Peddle le encantó el Apple II, y montó una presentaciónpara sus jefes unas semanas más tarde en la sede central de Commodore. «Es probable que queráis comprarnos por unos cuantos cientos de miles de dólares», afirmó Jobs cuando llegaron allí. Wozniak recuerda que quedó desconcertado ante aquella «ridícula» sugerencia, pero Jobs se mantuvo en sus trece. Los jefazos de Commodore llamaron unos días más tarde para informarles de su decisión: les resultaría más barato construir sus propias máquinas. A Jobs aquello no le sentó mal.
Había inspeccionado las instalaciones de Commodore y había sacado la conclusión de que sus jefes «no tenían buena pinta». Wozniak no lamentó el dinero perdido, pero su sensibilidad de ingeniero se vio herida cuando la compañía sacó al mercado el Commodore PET nueve meses más tarde. «Aquello me puso algo enfermo — afirmó—. Habían sacado un producto que, por las prisas, era una basura. Podrían haber tenido a Apple».
Aquel breve coqueteo con Commodore sacó a la superficie un conflicto potencial entre Jobs y Wozniak: ¿estaba realmente igualada la aportación de ambos a Appley lo que debían obtener a cambio? Jerry Wozniak, que valoraba a los ingenieros muy por encima de los empresarios y los vendedores, pensaba que la mayor parte delos beneficios debían corresponder a su hijo. Y así se lo dijo a Jobs cuando este fue a verle a su casa. «No te mereces una mierda —acusó a Jobs—. Tú no has producido nada». Jobs comenzó a llorar, lo que no resultaba inusual. Nunca había sido, ni sería, partidario de contener sus emociones. Jobs le dijo a Wozniak que estaba dispuesto a disolver la sociedad. «Si no vamos al cincuenta por ciento —le dijo a su amigo— puedes quedarte con todo». Wozniak, sin embargo, comprendíamejor que su padre la simbiosis entre ambos. Si no hubiera sido por Jobs, tal vez seguiría en las reuniones del Homebrew Club, repartiendo gratis los esquemas de sus circuitos. Era Jobs quien había convertido su genio obsesivo en un negocio floreciente, al igual que había hecho con la caja azul. Estuvo de acuerdo en que debían seguir siendo socios.
Aquella fue una decisión inteligente. Lograr que el Apple II tuviera éxito requería algo más que las increíbles habilidades de Wozniak como diseñador de circuitos.
Sería necesario comercializarlo como un producto completamente integrado y listo para el consumidor, y aquella era tarea de Jobs.
Comenzó por pedirle a su antiguo compañero Ron Wayne que diseñara una carcasa. «Supuse que no tenían dinero, así que preparé una que no necesitaba herramientas y que podía fabricarse en cualquier taller de metalistería», comentó. Su diseño requería una carcasa de plexiglás sujeta con tiras metálicas y una puertadeslizante que cubría el teclado.
A Jobs no le gustó. Quería un diseño sencillo y elegante, que esperaba que diferenciara al Apple de las demás máquinas, con sus toscas cubiertas grises y metálicas.
Mientras rebuscaba por los pasillos de electrodomésticos de una tienda Macy’s, quedó sorprendido por los robots de cocina de la marca Cuisinart. Decidió que quería una carcasa elegante y ligera moldeada en plástico, así que, durante una de las reuniones del Homebrew Club, le ofreció a un asesor local, Jerry Manock, 1.500dólares por diseñar una. Manock, que no se fiaba de Jobs por su aspecto, pidió el dinero por adelantado. Jobs se negó, pero Manock aceptó el trabajo de todas formas. En unas semanas había creado una sencilla carcasa de plástico moldeado sobre espuma que no parecía nada recargada y que irradiaba simpatía. Jobs estaba encantado.
El siguiente paso era la fuente de alimentación. Los obsesos de la electrónica digital como Wozniak le prestaban poca atención a algo tan analógico y mundano, pero
Jobs sabía que aquel era un componente clave. Concretamente, lo que se proponía —una constante durante toda su carrera— era suministrar electricidad sin que hiciera falta un ventilador. Los ventiladores de los ordenadores no eran nada zen. Suponían una distracción. Jobs se pasó por Atari para discutirlo con Alcorn, familiarizado con las viejas instalaciones eléctricas. «Al me remitió a un tipo brillante llamado Rod Holt, un marxista y fumador empedernido que había pasado por muchos matrimonios y que era experto en todo», recordaba Jobs. Al igual que Manock y muchos otros al encontrarse con Jobs por primera vez, Holt le echó un vistazo y se mostró escéptico. «Soy caro», aseguró. Jobs sabía que aquello merecería la pena, y le hizo ver que el dinero no era un problema. «Sencillamente, me embaucó para que trabajara para él», comentó Holt. Acabaría trabajando para Apple a tiempo completo.
En lugar de una fuente de alimentación lineal convencional, Holt construyó una versión conmutada como la que se utiliza en los osciloscopios y otros instrumentos.
Fuente: Steve Jobs. La biografía
Walter Isaacson
Traducción de David González-Iglesias González/Torreclavero

Nelson Mandela Parte 5 - DE LA LIBERACIÓN A LA JEFATURA DEL ESTADO: EL FINAL DEL APARTHEID 2.1. El régimen excarcela a Mandela



2. DE LA LIBERACIÓN A LA JEFATURA DEL ESTADO: EL FINAL DEL APARTHEID

2.1. El régimen excarcela a Mandela 

El 5 de julio de 1989, en una reunión sin precedentes, Mandela fue invitado a tomar el té con Botha en su residencia presidencial en Ciudad del Cabo, la Tuynhuys. El encuentro, secreto como los anteriores, discurrió con cordialidad y, aunque no se llegó en él a ningún acuerdo sustancial, marcó el principio del deshielo. 

Semanas más tarde, el 15 de agosto, Botha, enfermo del corazón, cedía la Presidencia del país a quien ya venía encabezando el NP desde el mes de febrero, Frederik de Klerk. La subida al poder de de Klerk, un afrikáner conservador de pura cepa pero con una mentalidad mucho más abierta y pragmática que sus predecesores, supuso para Sudáfrica el comienzo de una era de reformas que terminó liquidando el apartheid. 

El 13 de diciembre de 1989 Mandela celebró con de Klerk el primero de tres encuentros preliminares para tratar su liberación, la cual tuvo lugar, rodeada de una enorme expectación mundial, el 11 de febrero de 1990. 

La histórica jornada aconteció nueve días después de recobrar el ANC la legalidad, a la par que el PAC, el SACP y el COSATU, tal como habían acordado las partes. Tras pasarse casi 28 años en prisión y desechar varias ofertas de libertad condicionada, Mandela, que se mostró sonriente y triunfal de la mano de Winnie, había conseguido la rehabilitación política para su causa, pero también una victoria personal. 

En Ciudad del Cabo, el excarcelado se dirigió a la multitud de esta manera: "Estoy ante vosotros no como un profeta sino como vuestro humilde servidor, pueblo. Vuestros infatigables y heroicos sacrificios han hecho posible que yo esté aquí hoy. Por lo tanto, dejo los restantes años de mi vida en vuestras manos (…) Nuestra marcha hacia la libertad es irreversible. No debemos permitir que el miedo se interponga en nuestro camino. El sufragio universal basado en un único padrón electoral en una Sudáfrica unida, democrática y no racista es el único camino hacia la paz y la armonía racial". 

En sus primeras declaraciones, tanto a la prensa como a la muchedumbre que le acogió en el estadio de Soweto, el líder congresista prodigó los mensajes de moderación y de cooperación con la compleja empresa política emprendida por de Klerk. Los llamamientos de Mandela no hallaron un eco uniforme en el campo negro nacionalista; así, los extremistas de izquierda del PAC siguieron apostando por la vía revolucionaria y el derrocamiento del poder blanco por la fuerza, por más que los hechos habían demostrado hasta la saciedad lo utópico de esa pretensión. 

Desde la derecha negra, Mandela también fue cuestionado. El 25 de febrero en Durban, en respuesta a las violencias desatadas en Natal por los zulúes del Partido Inkatha de la Libertad (IFP), el dirigente elevó un memorable llamamiento a la paz con estas palabras: "Esta lucha entre nosotros dilapida nuestra energía y destruye nuestra unidad. Tomad vuestras pistolas, vuestros cuchillos y vuestros machetes, y arrojadlos al mar. Cerrad las fábricas de la muerte. Acabad con esta guerra ahora". 

El 3 de marzo el partido elevó a Mandela a su antigua posición de vicepresidente ejecutivo, ocupada por última vez por Tambo en 1969 y que en las actuales circunstancias, con Tambo enfermo y hospitalizado en Suecia, convertía a su titular en el jefe de facto del partido. A finales de abril, el primer grupo de líderes congresistas y comunistas, formado por Alfred Nzo, 
Thabo Mbeki, Joe Modise, Joe Slovo (de raza blanca) y Ruth Mompati, regresó del exilio zambiano para reunirse con Mandela e integrar con él la delegación conjunta del ANC y el SACP en el primer cara a cara oficial con de Klerk y sus ministros. 2. DE LA LIBERACIÓN A LA JEFATURA DEL ESTADO: EL FINAL DEL APARTHEID

2.1. El régimen excarcela a Mandela 

El 5 de julio de 1989, en una reunión sin precedentes, Mandela fue invitado a tomar el té con Botha en su residencia presidencial en Ciudad del Cabo, la Tuynhuys. El encuentro, secreto como los anteriores, discurrió con cordialidad y, aunque no se llegó en él a ningún acuerdo sustancial, marcó el principio del deshielo. 

Semanas más tarde, el 15 de agosto, Botha, enfermo del corazón, cedía la Presidencia del país a quien ya venía encabezando el NP desde el mes de febrero, Frederik de Klerk. La subida al poder de de Klerk, un afrikáner conservador de pura cepa pero con una mentalidad mucho más abierta y pragmática que sus predecesores, supuso para Sudáfrica el comienzo de una era de reformas que terminó liquidando el apartheid. 

El 13 de diciembre de 1989 Mandela celebró con de Klerk el primero de tres encuentros preliminares para tratar su liberación, la cual tuvo lugar, rodeada de una enorme expectación mundial, el 11 de febrero de 1990. 

La histórica jornada aconteció nueve días después de recobrar el ANC la legalidad, a la par que el PAC, el SACP y el COSATU, tal como habían acordado las partes. Tras pasarse casi 28 años en prisión y desechar varias ofertas de libertad condicionada, Mandela, que se mostró sonriente y triunfal de la mano de Winnie, había conseguido la rehabilitación política para su causa, pero también una victoria personal. 

En Ciudad del Cabo, el excarcelado se dirigió a la multitud de esta manera: "Estoy ante vosotros no como un profeta sino como vuestro humilde servidor, pueblo. Vuestros infatigables y heroicos sacrificios han hecho posible que yo esté aquí hoy. Por lo tanto, dejo los restantes años de mi vida en vuestras manos (…) Nuestra marcha hacia la libertad es irreversible. No debemos permitir que el miedo se interponga en nuestro camino. El sufragio universal basado en un único padrón electoral en una Sudáfrica unida, democrática y no racista es el único camino hacia la paz y la armonía racial". 

En sus primeras declaraciones, tanto a la prensa como a la muchedumbre que le acogió en el estadio de Soweto, el líder congresista prodigó los mensajes de moderación y de cooperación con la compleja empresa política emprendida por de Klerk. Los llamamientos de Mandela no hallaron un eco uniforme en el campo negro nacionalista; así, los extremistas de izquierda del PAC siguieron apostando por la vía revolucionaria y el derrocamiento del poder blanco por la fuerza, por más que los hechos habían demostrado hasta la saciedad lo utópico de esa pretensión. 

Desde la derecha negra, Mandela también fue cuestionado. El 25 de febrero en Durban, en respuesta a las violencias desatadas en Natal por los zulúes del Partido Inkatha de la Libertad (IFP), el dirigente elevó un memorable llamamiento a la paz con estas palabras: "Esta lucha entre nosotros dilapida nuestra energía y destruye nuestra unidad. Tomad vuestras pistolas, vuestros cuchillos y vuestros machetes, y arrojadlos al mar. Cerrad las fábricas de la muerte. Acabad con esta guerra ahora". 

El 3 de marzo el partido elevó a Mandela a su antigua posición de vicepresidente ejecutivo, ocupada por última vez por Tambo en 1969 y que en las actuales circunstancias, con Tambo enfermo y hospitalizado en Suecia, convertía a su titular en el jefe de facto del partido. A finales de abril, el primer grupo de líderes congresistas y comunistas, formado por Alfred Nzo, 
Thabo Mbeki, Joe Modise, Joe Slovo (de raza blanca) y Ruth Mompati, regresó del exilio zambiano para reunirse con Mandela e integrar con él la delegación conjunta del ANC y el SACP en el primer cara a cara oficial con de Klerk y sus ministros. 

Weismann, August : Naturalista alemán

Wedekind, Frank  :  Dramaturgo alemán (1864-1918). En sus obras ataca a la sociedad burguesa, centrándose en el problema sexual. Despertar de primavera, La caja de Pandora

Wegener, Alfred  :  Geofísico alemán (1880-1930), autor de la célebre teoría de la deriva de los continentes, según la cual los continentes actuales estaban unidos en un principio formando una única zona emergida (Pangea) en equilibrio isostático sobre rocas basálticas situadas debajo

Weil, Simone  :  Escritora francés de ascendencia judía (1909-1943). Profesora de filosofía, abandonó tal actividad ingresando como obrera en una fábrica. Mística por temperamento, creyó en una Gracia capaz de transfigurar la miseria del mundo. La gravedad y la Gracia, La condición obrera

Weill, Kurt  :  Compositor alemán (1900-1950). Pasó, dentro del expresionismo, de la línea culta a un popularismo de gran calidad. Colaboró con Brecht (La ópera de perra gorda, Grandeza y decadencia de la ciudad de Mahagonny). Vivió exiliado (1933)


Weismann, August  :  Naturalista alemán (1834-1914), máximo representante del neodarwinismo (darwinismo). Impugnó el lamarquismo y, para explicar la transmisión de los caracteres hereditarios, distinguió en todos los organismos un plasma nutritivo y un plasma germinal

Nelson Mandela Parte 6




2.2. Tortuosas negociaciones con el Gobierno de Klerk y brotes de violencia sectaria
La ronda inicial de negociaciones ANC-Gobierno produjo, el 6 de agosto de 1990, la llamada Acta de Pretoria, por la que el ANC aceptaba "suspender con efecto inmediato" todas las acciones armadas del MK, mientras que el Gobierno se comprometía a levantar las últimas restricciones a las actividades políticas al amparo de la Ley de Seguridad Interna (es decir, la Ley de Supresión del Comunismo) y a acelerar la liberación de los presos políticos. Desde el 7 de junio, el estado de emergencia ya no regía en el país, salvo en la provincia de Natal. 

Mediante éste y otros solemnes compromisos, Mandela renunció efectivamente a la lucha armada, a la que en el discurso pronunciado el día de su liberación había definido como una "acción puramente defensiva frente a la violencia del apartheid". 

En los meses siguientes, Mandela realizó una serie de viajes por todo el mundo para advertir a los gobiernos anfitriones contra un prematuro levantamiento de las sanciones internacionales a Sudáfrica, en tanto el Gobierno nacionalista no adoptara reformas decisivas y las fuerzas de seguridad siguieran cometiendo abusos. 

En julio de 1991 Mandela fue elegido presidente ejecutivo del ANC, reunido en Durban en su primera conferencia anual en suelo patrio desde 1959 -y que marcaba la número 48 en la historia de la organización-, en sustitución de Tambo, el cual fue honrado con el nuevo cargo, más bien ceremonial, de presidente nacional, que el achacoso dirigente iba a ostentar hasta su fallecimiento en 1993. Para la Secretaría General el escogido fue el sindicalista Cyril Ramaphosa, brillante exponente de la nueva generación de dirigentes, quién tomó el relevo al veterano Nzo. En cuanto al viejo compañero de luchas y fatigas de Mandela, Sisulu, fue aupado al puesto de vicepresidente para que dispensara consejo y arbitraje. 

La Conferencia de Durban revistió un carácter histórico también porque los congresistas aprobaron reorganizarse como un partido político propiamente dicho, dejando atrás las connotaciones revolucionarias propias de los movimientos de liberación y confiando en la línea posibilista que propugnaban Mandela y su trío de lugartenientes con más peso político y mejores dotes para la organización y la interlocución, a saber, Ramaphosa, Mbeki y Chris Hani, tratándose este último del secretario general del SACP y, hasta el año anterior, del jefe del Estado Mayor del MK. Todos los observadores coincidían en señalar que el sucesor de Mandela sería sin duda uno de estos tres hombres, aunque algunos indicaron que el que más le gustaba a él era Ramaphosa. 

Antes de terminar 1991, el Gobierno de Klerk, en una espectacular demostración de solvencia, desmanteló el entramado jurídico del apartheid disponiendo la caducidad o la derogación de la Ley de Separación en Lugares Públicos (1953), la Ley de Supresión del Comunismo (1950), la Ley Antiterrorista (1950), la Ley de Registro de la Población (1950), que clasificaba a los sudafricanos según su raza, la Ley de Áreas Grupales (1950), que asignaba a los grupos raciales diferentes zonas residenciales en las ciudades, y la más antigua de todas, la Ley de Tierras de Nativos (1913), que limitaba drásticamente las tierras que la mayoría negra podía poseer. 

El 14 de septiembre de 1991 26 organizaciones y partidos firmaron un Acuerdo Nacional de Paz, por el que se comprometían a promover "la paz, la armonía y la prosperidad" en el período de tránsito a la promulgación de una nueva Constitución democrática y la celebración de elecciones pluralistas. El 17 de marzo de 1992, un referéndum, última consulta "sólo para blancos", aprobó con el 68,7% de los votos el proceso de reformas iniciado por de Klerk. 

La transición a la democracia multirracial en Sudáfrica parecía no tener marcha atrás y Mandela expresó esta confianza en innumerables ocasiones. Sin embargo, el proceso estuvo a punto de descarrilar varias veces a lo largo de 1992 y 1993. El 10 de abril del segundo año, el asesinato de Hani a las puertas de su casa por un ultraderechista blanco puso a prueba el temple de los congresistas y la confianza de la inmensa mayoría de la población negra en los incansables llamamientos del presidente del ANC a la paz y la reconciliación. 

La tensión política fue atizada constantemente por los sangrientos enfrentamientos armados en el bantustán de KwaZulu, en Natal, que dejaron muchos cientos de muertos, entre xhosas, mayoritariamente identificados con el ANC, y los zulúes conservadores del IFP. Este tenía como líder al jefe tribal y primer ministro del bantustán, Mangosuthu Buthelezi, un caudillo tradicional que desconfiaba profundamente de la futura hegemonía política del congresismo de izquierdas. Por si fuera poco, elementos marginales de la extrema derecha afrikáner intentaron sabotear lo ineluctable mediante provocaciones terroristas. 

Los respectivos compromisos adquiridos por Mandela y de Klerk salvaron la delicada transición, pese a los recelos y las acusaciones mutuas. El líder negro denunció reiteradamente que las fuerzas de seguridad seguían perpetrando tropelías como en los peores tiempos del apartheid y censuró la intención del NP de otorgar a la minoría blanca algún tipo de veto en un futuro Gobierno de mayoría negra. 

En junio de 1992, el asesinato de 46 personas por miembros del IFP en Boipatong, Transvaal, enfureció a Mandela, que acusó al Gobierno nacionalista de tener una complicidad en la masacre (sin embargo, investigaciones posteriores sacaron en claro que las fuerzas de seguridad no habían tenido nada que ver en la atrocidad) y suspendió la participación del ANC en las negociaciones políticas. Meses después, en septiembre de 1992, la matanza de 28 simpatizantes del ANC por la Policía de Ciskei –donde el dictadorzuelo negro local, el general Oupa Gqozo, hacía frente a una revuelta popular inflamada por los congresistas- aconsejó a Mandela reanudar las negociaciones con de Klerk para impedir nuevas efusiones de violencia. 

Mandela tuvo también que poner orden en sus propias filas, donde las actitudes extremistas seguían teniendo fuerza. En esta tesitura se enmarcó el anuncio de su separación, el 13 de abril de 1992, de Winnie, miembro del NEC desde 1991, debido a que las "tensiones aparecidas en los últimos meses por diversas cuestiones" habían hecho la ruptura matrimonial "inevitable". 

Condenada en mayo de 1991 a seis años de prisión por el rapto en diciembre de 1988 de cuatro jóvenes y el asesinato de uno ellos a manos de sus guardaespaldas, reclutados entre los miembros del Club de Fútbol United Mandela, en su propia vivienda, Winnie apeló la sentencia y en junio de 1993, meses antes de convertirse en presidenta de la Liga de Mujeres del partido (ANCWL), consiguió la suspensión de la pena a cambio de una multa. 

Para Mandela, su esposa desde hacía 34 años, la persona que le había tomado de la mano tras cruzar la puerta de la prisión Victor Verster en 1990, había terminado por convertirse en un lastre para el éxito de su trascendental empresa política a causa de su excesiva identificación con el populismo radical y su retórica violenta, que tenían mucho gancho entre los habitantes de los townships negros. 

El extremismo declarativo de Winnie incluía la justificación, incompatible con el discurso cuasi gubernamental del futuro presidente negro de Sudáfrica, del horrible método de ajusticiamiento, mitad ejecución sumaria y mitad linchamiento, consistente en la colocación de un neumático bañado en gasolina alrededor del cuerpo de la víctima al que luego se prendía fuego. El siniestro necklacing era aplicado frecuentemente por las bases del ANC a delincuentes comunes y, sobre todo, a personas consideradas colaboracionistas y traidoras a la causa. El influjo de Mandela fue también determinante en la decisión del PAC, en enero de 1994, de poner fin a la lucha armada. 

Mandela y de Klerk consensuaron los mecanismos e instituciones del período de transición, así como los términos de la Constitución provisional, los pormenores de las futuras elecciones pluralistas y las características del Gobierno de coalición que debía emanar de aquellas. Las discusiones se desarrollaron en los marcos de la Convención por la Democracia en Sudáfrica (CODESA, I y II) y, tras el colapso de la anterior, del más plural Foro de Negociaciones Multipartitas (informalmente llamado CODESA III), que emprendió sus deliberaciones en abril de 1993. 

El 15 de octubre de ese año, la concesión por el Comité de Oslo del Premio Nobel de la Paz de 1993 a las dos máximas figuras de la política sudafricana sirvió para reafirmar en los galardonados la voluntad de continuar con el proceso hasta el final. Mandela aceptó y recogió el Nobel, el 10 de diciembre en la capital noruega, en nombre de todos los sudafricanos que se sacrificaron y sufrieron para traer la paz a su país. También tuvo palabras de recuerdo para 
Aung San Suu Kyi, la líder de la resistencia democrática a la dictadura militar en Birmania, quien había recibido el Nobel de la Paz en 1991 estando prisionera. 2.2. Tortuosas negociaciones con el Gobierno de Klerk y brotes de violencia sectaria
La ronda inicial de negociaciones ANC-Gobierno produjo, el 6 de agosto de 1990, la llamada Acta de Pretoria, por la que el ANC aceptaba "suspender con efecto inmediato" todas las acciones armadas del MK, mientras que el Gobierno se comprometía a levantar las últimas restricciones a las actividades políticas al amparo de la Ley de Seguridad Interna (es decir, la Ley de Supresión del Comunismo) y a acelerar la liberación de los presos políticos. Desde el 7 de junio, el estado de emergencia ya no regía en el país, salvo en la provincia de Natal. 

Mediante éste y otros solemnes compromisos, Mandela renunció efectivamente a la lucha armada, a la que en el discurso pronunciado el día de su liberación había definido como una "acción puramente defensiva frente a la violencia del apartheid". 

En los meses siguientes, Mandela realizó una serie de viajes por todo el mundo para advertir a los gobiernos anfitriones contra un prematuro levantamiento de las sanciones internacionales a Sudáfrica, en tanto el Gobierno nacionalista no adoptara reformas decisivas y las fuerzas de seguridad siguieran cometiendo abusos. 

En julio de 1991 Mandela fue elegido presidente ejecutivo del ANC, reunido en Durban en su primera conferencia anual en suelo patrio desde 1959 -y que marcaba la número 48 en la historia de la organización-, en sustitución de Tambo, el cual fue honrado con el nuevo cargo, más bien ceremonial, de presidente nacional, que el achacoso dirigente iba a ostentar hasta su fallecimiento en 1993. Para la Secretaría General el escogido fue el sindicalista Cyril Ramaphosa, brillante exponente de la nueva generación de dirigentes, quién tomó el relevo al veterano Nzo. En cuanto al viejo compañero de luchas y fatigas de Mandela, Sisulu, fue aupado al puesto de vicepresidente para que dispensara consejo y arbitraje. 

La Conferencia de Durban revistió un carácter histórico también porque los congresistas aprobaron reorganizarse como un partido político propiamente dicho, dejando atrás las connotaciones revolucionarias propias de los movimientos de liberación y confiando en la línea posibilista que propugnaban Mandela y su trío de lugartenientes con más peso político y mejores dotes para la organización y la interlocución, a saber, Ramaphosa, Mbeki y Chris Hani, tratándose este último del secretario general del SACP y, hasta el año anterior, del jefe del Estado Mayor del MK. Todos los observadores coincidían en señalar que el sucesor de Mandela sería sin duda uno de estos tres hombres, aunque algunos indicaron que el que más le gustaba a él era Ramaphosa. 

Antes de terminar 1991, el Gobierno de Klerk, en una espectacular demostración de solvencia, desmanteló el entramado jurídico del apartheid disponiendo la caducidad o la derogación de la Ley de Separación en Lugares Públicos (1953), la Ley de Supresión del Comunismo (1950), la Ley Antiterrorista (1950), la Ley de Registro de la Población (1950), que clasificaba a los sudafricanos según su raza, la Ley de Áreas Grupales (1950), que asignaba a los grupos raciales diferentes zonas residenciales en las ciudades, y la más antigua de todas, la Ley de Tierras de Nativos (1913), que limitaba drásticamente las tierras que la mayoría negra podía poseer. 

El 14 de septiembre de 1991 26 organizaciones y partidos firmaron un Acuerdo Nacional de Paz, por el que se comprometían a promover "la paz, la armonía y la prosperidad" en el período de tránsito a la promulgación de una nueva Constitución democrática y la celebración de elecciones pluralistas. El 17 de marzo de 1992, un referéndum, última consulta "sólo para blancos", aprobó con el 68,7% de los votos el proceso de reformas iniciado por de Klerk. 

La transición a la democracia multirracial en Sudáfrica parecía no tener marcha atrás y Mandela expresó esta confianza en innumerables ocasiones. Sin embargo, el proceso estuvo a punto de descarrilar varias veces a lo largo de 1992 y 1993. El 10 de abril del segundo año, el asesinato de Hani a las puertas de su casa por un ultraderechista blanco puso a prueba el temple de los congresistas y la confianza de la inmensa mayoría de la población negra en los incansables llamamientos del presidente del ANC a la paz y la reconciliación. 

La tensión política fue atizada constantemente por los sangrientos enfrentamientos armados en el bantustán de KwaZulu, en Natal, que dejaron muchos cientos de muertos, entre xhosas, mayoritariamente identificados con el ANC, y los zulúes conservadores del IFP. Este tenía como líder al jefe tribal y primer ministro del bantustán, Mangosuthu Buthelezi, un caudillo tradicional que desconfiaba profundamente de la futura hegemonía política del congresismo de izquierdas. Por si fuera poco, elementos marginales de la extrema derecha afrikáner intentaron sabotear lo ineluctable mediante provocaciones terroristas. 

Los respectivos compromisos adquiridos por Mandela y de Klerk salvaron la delicada transición, pese a los recelos y las acusaciones mutuas. El líder negro denunció reiteradamente que las fuerzas de seguridad seguían perpetrando tropelías como en los peores tiempos del apartheid y censuró la intención del NP de otorgar a la minoría blanca algún tipo de veto en un futuro Gobierno de mayoría negra. 

En junio de 1992, el asesinato de 46 personas por miembros del IFP en Boipatong, Transvaal, enfureció a Mandela, que acusó al Gobierno nacionalista de tener una complicidad en la masacre (sin embargo, investigaciones posteriores sacaron en claro que las fuerzas de seguridad no habían tenido nada que ver en la atrocidad) y suspendió la participación del ANC en las negociaciones políticas. Meses después, en septiembre de 1992, la matanza de 28 simpatizantes del ANC por la Policía de Ciskei –donde el dictadorzuelo negro local, el general Oupa Gqozo, hacía frente a una revuelta popular inflamada por los congresistas- aconsejó a Mandela reanudar las negociaciones con de Klerk para impedir nuevas efusiones de violencia. 

Mandela tuvo también que poner orden en sus propias filas, donde las actitudes extremistas seguían teniendo fuerza. En esta tesitura se enmarcó el anuncio de su separación, el 13 de abril de 1992, de Winnie, miembro del NEC desde 1991, debido a que las "tensiones aparecidas en los últimos meses por diversas cuestiones" habían hecho la ruptura matrimonial "inevitable". 

Condenada en mayo de 1991 a seis años de prisión por el rapto en diciembre de 1988 de cuatro jóvenes y el asesinato de uno ellos a manos de sus guardaespaldas, reclutados entre los miembros del Club de Fútbol United Mandela, en su propia vivienda, Winnie apeló la sentencia y en junio de 1993, meses antes de convertirse en presidenta de la Liga de Mujeres del partido (ANCWL), consiguió la suspensión de la pena a cambio de una multa. 

Para Mandela, su esposa desde hacía 34 años, la persona que le había tomado de la mano tras cruzar la puerta de la prisión Victor Verster en 1990, había terminado por convertirse en un lastre para el éxito de su trascendental empresa política a causa de su excesiva identificación con el populismo radical y su retórica violenta, que tenían mucho gancho entre los habitantes de los townships negros. 

El extremismo declarativo de Winnie incluía la justificación, incompatible con el discurso cuasi gubernamental del futuro presidente negro de Sudáfrica, del horrible método de ajusticiamiento, mitad ejecución sumaria y mitad linchamiento, consistente en la colocación de un neumático bañado en gasolina alrededor del cuerpo de la víctima al que luego se prendía fuego. El siniestro necklacing era aplicado frecuentemente por las bases del ANC a delincuentes comunes y, sobre todo, a personas consideradas colaboracionistas y traidoras a la causa. El influjo de Mandela fue también determinante en la decisión del PAC, en enero de 1994, de poner fin a la lucha armada. 

Mandela y de Klerk consensuaron los mecanismos e instituciones del período de transición, así como los términos de la Constitución provisional, los pormenores de las futuras elecciones pluralistas y las características del Gobierno de coalición que debía emanar de aquellas. Las discusiones se desarrollaron en los marcos de la Convención por la Democracia en Sudáfrica (CODESA, I y II) y, tras el colapso de la anterior, del más plural Foro de Negociaciones Multipartitas (informalmente llamado CODESA III), que emprendió sus deliberaciones en abril de 1993. 

El 15 de octubre de ese año, la concesión por el Comité de Oslo del Premio Nobel de la Paz de 1993 a las dos máximas figuras de la política sudafricana sirvió para reafirmar en los galardonados la voluntad de continuar con el proceso hasta el final. Mandela aceptó y recogió el Nobel, el 10 de diciembre en la capital noruega, en nombre de todos los sudafricanos que se sacrificaron y sufrieron para traer la paz a su país. También tuvo palabras de recuerdo para 
Aung San Suu Kyi, la líder de la resistencia democrática a la dictadura militar en Birmania, quien había recibido el Nobel de la Paz en 1991 estando prisionera. 

Barnard, Christian : Cirujano sudafricano

Bardot, Brigitte  :  Actriz cinematográfica francesa (1934-    )

Barents, Willem  :  Navegante holandés (1548-1597); viajó por los mares polares, descubrió en 1596 el archipiélago de Spitzberg y exploró la parte N de Nueva Zemlia, donde murió

Barillas, Manuel  :  Militar y político guatemalteco (1844-1907). Presidente de la Republica (1866-1992)

Barletta, Leónidas  :  Escritor argentino (1902-1975). Novelas realistas. La ciudad de un hombre


Barnard, Christian  :  Cirujano sudafricano (1923-    ), el primero que realizó con éxito un trasplante de corazón humano (diciembre de 1967

Mandela Parte4 1.4. Los 27 años de cautiverio del preso



1.4. Los 27 años de cautiverio del preso 466/64 
Desde su celda, en los años siguientes, el prisionero 466/64, con su sufrido estoicismo, fue convirtiéndose en el principal símbolo del movimiento de resistencia negra de su país y de la conciencia secuestrada de toda una nación, ganando una masiva solidaridad internacional y redundando el descrédito de un Gobierno que no acertaba a presentarle como un extremista peligroso o como un racista negro que quería expulsar a los blancos de Sudáfrica. 

Entretanto, desde el exilio o en la clandestinidad, intentaban mantener viva la lucha del ANC y recababan ayudas internacionales para la causa los líderes que habían eludido la maquinaria represiva del Gobierno nacionalista. Eran los casos de Tambo, elegido presidente del partido a la muerte en accidente de Lutuli en 1967, y de Duma Nokwe y Alfred Nzo, quienes se sucedieron en la Secretaría General en 1969. 

Durante su prolongado cautiverio, Mandela sólo pudo recibir las visitas de su esposa e hijos en muy contadas ocasiones. Winnie, que iba a revelarse como una dirigente del ANC radical y autoritaria a medida que el Gobierno se ensañaba con ella, fue a su vez desterrada en mayo de 1977 a la aldea de Brandfort, donde vivió confinada hasta 1985. En julio de 1969 un acongojado Mandela no fue autorizado a acudir al funeral de su hijo mayor, Thembi, muerto en un trágico accidente de circulación con 24 años y tras haber dado a su padre sus dos primeras nietas -de los 17 nietos y nietas que Mandela iba a tener hasta 1992-, Ndileka y Nandi. 

El régimen carcelario en Robben Island era muy severo, así que menos oportunidades tuvo aún el prisionero de recibir en 1973 un permiso vigilado para asistir a la boda de su hija Zenani, que sólo tenía 14 años, con el príncipe Thumbumuzi Dlamini, hijo del rey de Swazilandia, Sobhuza II, quien se convirtió por tanto en consuegro de Mandela, así como hermano del futuro rey Mswati III. 

Con el objeto de preservar su estado emocional y sus facultades intelectuales en las duras condiciones de la prisión isleña, el recluso se matriculó en el programa de educación a distancia de la Universidad de Londres y pudo sacarse el título de Bachelor of Laws. También cuidó su estado físico, intentando mantenerse en forma con tablas de gimnasia. 

Afuera, entretanto, la situación política se deterioraba inexorablemente. El régimen, indiferente a las sanciones y los boicots internacionales –que distaban de ser universales y contundentes-, endurecía la represión y los movimientos negros radicalizaban sus actos de resistencia. Sudáfrica empezó a deslizarse por una sangrienta espiral de represalias. 

El brutal aplastamiento de la revuelta de estudiantes en Soweto, el gran gueto de la periferia sur de Johannesburgo, en junio de 1976, con un balance de cientos de muertos y miles de heridos, mostró a las claras a la escandalizada opinión pública internacional la naturaleza criminal del Gobierno de la minoría blanca, desde 1966 dirigido por el primer ministro Balthazar Vorster, un líder del ala más derechista del NP, resuelto a mantener el statu quo de la segregación racial sin la menor concesión. 

En cuanto al MK, aliado de las guerrillas y fuerzas de liberación negras que combatían a sus respectivas férulas coloniales y neocoloniales en los países vecinos (el MPLA de Angola, el ZANU de Rhodesia del Sur, el FRELIMO de Mozambique y el SWAPO de Namibia, esta última administrada ilegalmente por la propia Sudáfrica), intentó sostener una campaña de atentados y ataques con bomba. 

Sin embargo, la Policía y el Ejército sudafricanos diezmaron sus filas, virtualmente lo expulsaron del territorio nacional y siguieron infligiéndole golpes demoledores, con furiosas incursiones por tierra y aire, en los países donde había establecido sus bases de retaguardia, que eran Angola, Zimbabwe, Mozambique, Botswana y Zambia, generalizando el estado de guerra en toda la región. Todos estos estados, más Tanzania y Lesotho, tras completar sus respectivos procesos de descolonización, eran mutuamente solidarios en el seno de una alianza conocida como la Línea del Frente, cuyo principal compromiso era el auxilio del movimiento de liberación negro de Sudáfrica, el último reducto del dominio blanco en África austral y oriental. 

Al comenzar la década de los ochenta, estaba claro que el ANC, por la vía insurgente, no iba a conseguir, no ya derrocar al Gobierno blanco, sino arrancarle ninguna concesión política, ni siquiera provocar quebrantos en las muy profesionales y bien pertrechadas fuerzas armadas y de seguridad del Estado. En el NEC, Tambo y otros expusieron la tesis de que la lucha armada no tenía futuro y que lo que había que hacer era concentrar todos los esfuerzos en los frentes de lucha política y sindical, librada esta última por el Congreso de Sindicatos Sudafricanos (COSATU), tercer vértice de la Alianza Tripartita formada con el ANC y el SACP. 

Bastante más éxito tuvo el ANC en su campaña internacional para conseguir que organizaciones y gobiernos se posicionaran inequívocamente sobre la situación de los convictos de Rivonia. En 1980, por primera vez, tanto el Consejo de Seguridad de la ONU, en junio, como la Asamblea General, en diciembre, aprobaron sendas resoluciones donde se exigía la liberación de Mandela, quien era mencionado explícitamente en los textos. 

El 31 de marzo de 1982 Mandela, Sisulu y otros convictos de Rivonia fueron transferidos a la prisión de Pollsmoor, en Ciudad del Cabo, donde las condiciones carcelarias eran algo menos duras. Aunque entonces no lo reconoció, el sucesor de Vorster, Pieter Botha, bien que sin relajar un ápice la represión, que de hecho se hallaba en su apogeo, estaba dispuesto a emprender con el ANC un diálogo discreto al tiempo que acometía algunas reformas cosméticas del sistema. 

Desde su celda y un poco por su cuenta y riesgo, mientras la dirigencia del partido en el exilio ponía a prueba las intenciones de Botha lanzándole unas campañas de sabotajes y huelgas para obligarle a abrir la vía negociada, Mandela emprendió con sus carceleros una serie de comunicaciones que al principio fueron de tanteo y secretas, pero que luego iban a producirse públicamente y al más alto nivel, permitiendo intuir un desenlace negociado del enquistado conflicto. 

A lo que Mandela siempre se negó fue a obtener una remisión de su pena o incluso la libertad condicional a cambio de firmar un manifiesto de rechazo a la violencia y de aceptar las independencias, no reconocidas por ningún país del mundo y condenadas por la ONU, de los bantustanes o homelands de Bophuthatswana, Ciskei, Transkei y Venda, convertidos por el régimen en unos territorios dotados de gobiernos negros teóricamente autónomos, que suponían el 13% de la superficie del país y que constituían una forma especialmente insidiosa de segregación racial. 

El primer encuentro entre Mandela y un alto representante del régimen del NP, Kobie Coetzee, ministro de Justicia, tuvo lugar en noviembre de 1985 en el hospital Volks de Ciudad del Cabo, donde el primero había sido ingresado para practicarle una operación de próstata. Esta reunión preliminar no arrojó ningún acuerdo, pero marcó la pauta dialogante. Los contactos secretos prosiguieron con Gerrit Viljoen, ministro de Desarrollo Constitucional, y Niel Barnard, jefe del Servicio Nacional de Inteligencia. Durante unos años el proceso resultó estéril porque Mandela rehusó una y otra vez aceptar la precondición de la renuncia expresa a la lucha armada para abrir una mesa de conversaciones formales, en las que él podría participar en situación de libertad. Tal era la oferta del Gobierno. 

En agosto de 1988, al mes de cumplir los 70 años, efeméride que fue celebrada en diversos lugares fuera de Sudáfrica (particularmente en Londres, escenario de un macroconcierto de música pop retransmitido a 67 países y celebrado bajo la consigna imperiosa de la liberación del archifamoso preso político), Mandela contrajo una tuberculosis y pasó mes y medio ingresado en el hospital Tygerberg de Parow, en Ciudad del Cabo. 

En septiembre le trasladaron a la clínica Constantiaberg y en diciembre le dieron de alta. No regresó a Pollsmoor, sino que pasó a la prisión Victor Verster, cerca de Paarl, donde fue aislado en un amplio bungalow dotado de piscina, jardines y cocinero particular. La convalecencia de Mandela precisaba un entorno saludable y paseos al aire libre, pero el Gobierno también quería crear una atmósfera distendida y hasta halagadora. 

Vargas, Getúlio : Político brasileño

Vargas, Getúlio  :  Político  brasileño (1883-1954). Presidente de la Republica tras el golpe de estado de 1930, fue confirmado en su cargo en 1934 y, en 1937, se adjudicó poderes dictatoriales. Dimitió en 1945. Elegido en 1950, fue obligado a dejar el poder en 1954 y se suicidó

Vargas, Luis de  :  Pintor español (1502-1568). Obras: retablo del Nacimiento (catedral de Sevilla); retablo de la Generación temporal de Cristo, más conocido por «la Gamba» (catedral de Sevilla)

Varona, Enrique José  :  Pensador, escritor y político cubano (1849-1933). Militante de la lucha nacional, redactó el manifiesto Cuba contra España (1895). Dirigió el periódico Patria, fundado por Martí. Fue vicepresidente de la Republica (1913-1917)

Varrón, Marco Terencio  :  Erudito latino (116-27 a. C.). De su copiosa producción, que se extiende a todos los campos del saber, sólo se conserva el tratado De re rustica


Vasari, Giorgio  :  Arquitecto, pintor y escritor italiano (1511-1574), construyó el palacio de los Uffizi (Florencia). Autor de Vidas de los más insignes pintores, escultores y arquitectos

Alarcón, Pedro Antonio de : Escritor español

Alain-Fournier  :  Novelista francés (1886-1914). La obra que le ha dado fama en todo el mundo es la novela titulada El gran Meaulnes

Alamán, Lucas  :  Escritor y político mexicano (1792-1853). Disertaciones sobre la historia de México

Alarcón, Abel  :  Escritor boliviano (1881-1954). Autor de novelas históricas, relatos y poesía

Alarcón, Pedro Antonio de  :  Escritor español (1833-1891). Sus novelas y cuentos representan la transición de la narrativa romántica a la realista. A su primera época se deben sus crónicas de viajes: Diario de un testigo de la guerra de África, De Madrid a Nápoles, La Alpujarra; también sus cuentos, reunidos más tarde en los volúmenes Historietas nacionales, Cuentos amatorios y Narraciones inverosímiles. A la etapa de madurez (a partir de 1874) corresponden las novelas El sombrero de tres picos, El escándalo, El niño de la bola, El capitán Veneno y La pródiga


Alarico  :  Nombre de varios reyes visigodos: - I (370-410) penetró en Italia y saqueó Roma (410). ¦ - II (484-507). Estableció su capital en Tolosa, Francia; fue derrotado y muerto por Clodoveo en la batalla de Vouillé. Promulgó la Lex Romana Visigtorum o Código de Alarico (506)

Quetzalcóatl, dios tolteca y azteca, y soberano legendario de México

  Quetzalcóatl, dios tolteca y azteca, y soberano legendario de México, habitualmente identificado como la Serpiente Emplumada, traducción d...